Doble filo
Las risas de la Calvo
Lo peor no fueron ni el trato gélido ni los restos del feto, que acertó a ver despedazados a su lado
Miró la barrita del test y tragó saliva. Hace trece años Esperanza Puente pasó por la angustia que atraviesan todas las mujeres que se quedan embarazadas contra su voluntad. Era la segunda vez y de nuevo soltera, de forma que se dirigió a una clínica. El hombre la había abandonado, la familia la rechazaba, la sociedad hacía escarnio de su persona. Lo peor no fueron ni el trato gélido ni los restos del feto, que acertó a ver despedazados a su lado, sino los largos años que habrían de pasar hasta superar la depresión y poder despertar de nuevo sin pesadillas. Esperanza Puente ha acudido ahora a la Subcomisión Parlamentaria sobre el aborto para contar su historia. Cuando estaba en lo peor, recorriendo en voz alta sus más siniestros recuerdos, la distrajeron risitas y cuchicheos, comentarios de bancos. Al levantar la vista vio a varios de los diputados cotilleando con Carmen Calvo, presidenta de la subcomisión, que parecía muy entretenida volviendo la espalda a la compareciente. No sé qué tendría que despachar la ex ministra socialista, pero a mí se me caería la cara de vergüenza al interrumpir de forma tan frívola la narración de tan tremenda biografía en una comisión de padres de la patria a la que se le ha confiado la delicada tarea de determinar el futuro de las leyes abortistas en España. Podríamos lamentarnos aquí de que se inviertan 40 millones de euros públicos anuales en abortos y apenas tres millones en apoyar a las embarazadas que quieren sacar adelante a sus hijos. O podríamos referir con bochorno que es el tercer año consecutivo que las asociaciones pro vida ven denegada la subvención estatal. Podríamos sorprendernos incluso de que hayan comparecido ante la comisión hasta tres gerentes de clínicas abortistas para defender su sangriento negocio. Pero todo sobraría, porque ¿qué puede esperarse del Estado si los parlamentarios a cargo del problema hacen risitas? Las madres seguiremos estando solas cuando el «Predictor» nos dé positivo, los hombres se hayan largado y quede sólo el dedo amenazante de la vergüenza y la indiferencia social. Al menos mientras gente como Carmen Calvo siga dando la espalda a mujeres como Esperanza Puente.




















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