Al acudir a la televisión antes que al Parlamento pudo exhibir no sólo una mentira sino también un error

Lo que Smiley vio

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30 Enero 09 - Carlos RODRÍGUEZBRAUN

Los secuaces de Smiley retrasaron su comparecencia en el Congreso, y la oposición denunció la maniobra como una muestra más del desdén progresista hacia las instituciones y de la capacidad de su líder para mentir. La denuncia parecía irrefutable y contrastada: el mismo que prometió que el Parlamento iba a ser el centro de la vida política le dio olímpicamente la espalda y se fue a la televisión a «Tengo una pregunta para usted». Sin embargo, es posible que Smiley no haya perpetrado sólo un nuevo timo sino algo mucho peor para él: un error. En efecto, de haber cumplido con su palabra y haberse apresurado a comparecer en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo habría visto un espectáculo reconfortante: una mitad de los representantes le habría aplaudido, mientras que la otra se habría enfadado pero no habría aportado nada especialmente interesante ni original ni eficaz. En cambio, lo que Smiley vio en el estudio de RTVE fue inquietante. Carlos Alsina lo anotó en este mismo rincón de LA RAZÓN el miércoles, al subrayar que Smiley había contemplado a un señor que bostezaba. Pero también vio más cosas desagradables. Por ejemplo, cuando juraba que él no engañó a nadie a propósito de la crisis sino que sólo cometió un error, vio rostros que reflejaban incredulidad, vamos, la misma incredulidad que nos asaltó a muchos al leer que según una encuesta las tres cuartas partes del personal concedió al presidente el aprobado: debe de ser porque estamos en tiempo de exámenes y se generaliza la comprensión hacia el estudiantado. Si Smiley hubiese constatado esa aprobación no habría incurrido en esa patética mentira de afirmar que las armas que su Gobierno le vende a Israel no son empleadas para disparar. Si estuviese satisfecho no mandaría a todas sus terminales mediáticas a insistir en que él no esperó al triunfo electoral de 2008 para reconocer la crisis, lo que es otra mentira gorda. Pero lo más devastador que pudo ver Smiley el lunes es que en algunas ocasiones el pueblo soberano operaba de modo especular: debió de ser atroz para él que ante su prédica mendaz alguien del público sonriera.

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