En la oficina del Inem de Canillas, en Madrid, el futuro se ve «muy negro»
Parados entre la resignación y un hondo pesimismo: «Busco todos los días y no sale nada»
Los entrevistados piden cuentas al Palacio de La Moncloa y aseguran que no se está haciendo lo suficiente.
Madrid- A la una de la tarde, las interminables colas a las puertas de las oficinas del Inem que las televisiones han convertido en icono de la recesión que azota a la economía española no son tales en las dependencias de la madrileña calle de Canillas. Sin embargo, el intenso trasiego revela a las claras la profundidad del problema. Las bisagras de la puerta de entrada no descansan. El goteo es incesante y apenas transcurre un minuto sin que alguno de los 3,3 millones de desempleados apuntados en el Inem entre o salga de la oficina. Todos con su documentación bajo el brazo y gesto entre resignado y contrariado. Todos coincidentes en su diagnóstico sobre la situación, «muy jodida, hablando en plata», como repiten uno tras otro; y en el responsable de la misma, el Gobierno.
Resignación
Los que se detienen a conversar unos instantes con el periodista mantienen la calma. No hay palabras altisonantes, gestos de indignación o pérdidas de los estribos. Una mezcla de pesimismo y resignación predomina en sus discursos. El de Daniel, comercial argentino de 42 años que perdió su trabajo hace tres días; el de Andrés, marino sin puerto en Madrid que, a sus 62 años, ha perdido toda esperanza de encontrar empleo, o el de Mercedes, dependienta de 51, «decepcionada y desesperada» a partes iguales.
Algunos de ellos desgranan su historia como si fueran pacientes en la consulta de un terapeuta. Es el caso, por ejemplo, de Carlos, pollero de profesión y que perdió su empleo hace diez días por un problema con una baja. Habla con vehemencia, como si ello le permitiera expulsar la frustración que siente por un despido que considera injusto y por el que, asegura, le deben todavía 3.000 euros. Le acompaña su novia, Beatriz, teleoperadora en paro desde octubre porque «no sale nada de nada. Ni de teleoperadora ni de otra cosa». Ambos han tenido que volver a la casa de los padres de ella, incapaces de hacer frente al alquiler de la vivienda en la que residían hasta hace poco.
Mercedes también exorciza la rabia que la carcome charlando con el periodista. Después de 29 años fuera de España y tras divorciarse, volvió de Suiza para estar con su familia. Pero ahora, cuatro contratos temporales después, va a volver al país helvético. «Lo que ocurre aquí es una vergüenza. Es intolerable la situación laboral. ¿Y a esto le llaman Gobierno?», se pregunta indignada.
Otros, como Silvia, empresaria de exportación y catering de 55 años que lleva cinco parada, lamentan que a los desempleados de más de 50 años se les trate poco menos que como despojos laborales. «Que te digan que con esa edad poco menos que no sirves para trabajar es horroroso moralmente. Precisamente, que cuando más experiencia tienes para aportar te digan algo así...», añade.
¿Y del futuro, qué? Negro, vaticinan todos. La mayoría confían más en algo tan vago y etéreo como la esperanza para que las cosas cambien que en las medidas que pueda tomar el propio Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. «A corto plazo no creo que cambie nada, sobre todo porque el Gobierno no da soluciones», concluye Esther, empleada de hostelería que perdió su trabajo hace tres días tras volver de una baja.
LAS CARAS DEL DESEMPLEO
- «Vemos el futuro muy negro» (Carlos, 43 años, pollero, 10 días en el paro; Beatriz, 19 años, teleoperadora, cuatro meses en el paro)
Carlos y Beatriz viven en casa de los padres de ella, pero no por gusto. Tras quedarse ambos sin empleo, han tenido que dejar el piso de alquiler en el que vivían porque el dinero no les llega. Beatriz sintetiza en tres palabras la situación: «No sale nada». Por más que busca, no encuentra empleo. Carlos, aunque recién estrenado en su condición de parado tras tres años, también lo ve crudo.
- «Busco todos los días y no sale nada» (Julia, 18 años, dependienta, 1 año en el paro)
Julia no sabe si el Gobierno lo está haciendo bien o mal. Sólo sabe que, desde que hace un año hiciese prácticas en unos grandes almacenes, no encuentra trabajo. «La cosa está fatal. Yo busco todos los días y no encuentro nada», cuenta sin perder la sonrisa. Y a corto plazo, añade, no cree que la cosa vaya a mejorar. Al menos, le queda el consuelo de que, de momento, en su casa, en la que vive con su madre y su hermana, la situación no es todavía muy apurada.
- «El Gobierno no esta haciendo lo que debería» (Esther, 32 años, hostelería, tres días en el paro)
Apenas lleva tres días sin trabajo, pero Esther, que lo perdió tras volver de una baja, no es nada optimista. «Veo las cosas bastante mal. Hay algunas ofertas, pero en unas condiciones inaceptables, con sueldos muy bajos», argumenta. El pesimismo de Esther es mayor cuando habla de lo que ocurrirá a corto plazo. «No creo que la situación mejore porque el Gobierno no está haciendo lo que debería, no está tomando medidas», concluye.
- «En cuanto pueda me vuelvo a Suiza» ( Mercedes, 51 años, dependienta, cuatro días en el paro)
De regreso a España tras 27 años en Suiza y dos en Bélgica, Mercedes ha tenido contratos de seis meses, de un mes, de 14 días, de tres meses... y ya no aguanta más. «En cuanto pueda me vuelvo a Suiza», asegura de forma categórica. Está «decepcionada y desesperada» con la situación, con las condiciones del mercado laboral español y con el Gobierno, al que reprocha que en lugar de preocuparse de los problemas importantes, lo haga de asuntos como la Memoria Histórica.
- «Habrá que mantener la calma» (Eric, 30 años, construcción, tres días en el paro)
Eric llegó a España desde Cuba con un contrato para trabajar en la construcción. Dice que tras tres días en el paro no sabe si le será fácil o difícil volver a encontrar empleo. Sin embargo, admite que, por lo que le cuentan sus antiguos compañeros, la cosa está bastante mal. No obstante, mantiene la calma. «Mi mujer trabaja, así que nuestra situación por ahora no es preocupante. Eso sí, «ni nos planteamos lo de comprar coche o inversiones de ese tipo».
- «Me voy a armar de paciencia» ( Rufino, 37 años, profesor, tres días en el paro)
Hasta que hace tres días intentó «imponer disciplina» en su clase, Rufino trabajaba de profesor de matemáticas en un colegio concertado cubriendo una baja. Pero las quejas de los padres le llevaron a las oficinas del INEM y ahora asegura que se está «armando de paciencia» porque cree que su búsqueda va para largo aunque no cierra la puerta a oferta alguna. A la hora de buscar culpables, es el único entrevistado que cree que el Gobierno «no puede hacer mucho más».






















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