Nos cuenta cosas de preescolar con pompa y circunstancia, no sea que a alguien le dé la risa
Pepiñorl
Vale, que sí, que ya sabemos que cuando al Gobierno se le tuercen las cosas sale Pepiño Blanco y dice que lo realmente preocupante es el PP. Y que cuando huele a podrido en casa sale Soraya y critica al PSOE. Si se retiran las tropas y la OTAN refunfuña, lo importante son los trajes de Camps; si hay espías en el partido, hablemos de las fotos del juez Garzón vestidito de boy scout entrado en kilos. Bien, dentro de lo poco caballeroso de la maniobra, es casi lo normal: ya lo hacía Detritus en los libros de Asterix. Lo de la paja en el ojo ajeno no es nuevo aunque a estas alturas produzca cierta vergüenza ajena eso de ver a adultos con algo que decir en nuestras vidas recurriendo por sistema al y Vd. más. Lo peor no es la falta de pudor sino la pose de catedrático explicando perogrulladas, la especialidad de Pepiño. Pepiño nos cuenta cosas de preescolar con pompa y circunstancia, no sea que a alguien le dé la risa. Pepiño mira con cara de no creerse nada pero de estar seguro de que su mente superior convencerá al más reacio y una, qué cosas, se lo imagina con su boca de piñón y una toga chiquitita, lira y corona de laurel intrigando contra el César mientras come uvas. No contento con insultar a la inteligencia del españolito medio y quizás obsesionado por el salero de su predecesor en la misión, Alfonso Guerra, Pepiño mecha ahora sus discursos con perlas de humor dignas de Cassen. «No es problema de caza, sino de cazo» dijo Pepiño con cara de creerse Gómez de la Serna un rato antes de que dimitiera Bermejo. «A Rajoy le están haciendo un traje», dice Pepiño, y le pega levantar las cejas dos veces y hacer con los dedos un gestito de doble sentido. A Pepiño sólo le falta decir «¿lo coge, eh, lo coge?», mirar a cámara y que suenen dos golpes de bocina, mec mec, como si fuera Harpo. Imaginamos que a Guerra, que destilaba mala baba pero era listo como él solo y tenía su aquel, se dará como todos una palmada en la frente cada vez que su sucesor busque el aplauso del público. Mec, mec.




















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