Pobreza

  • Comparte esta noticia en Tuenti
 
0
   
Pobreza
28 Enero 09 - José Luis ALVITE

Por alguna extraña razón conservo desde la infancia cierta inclinación a la pobreza. Pertenecer a una familia de clase media me impidió ser pobre de nacimiento y la suerte en el trabajo me obligó a entender la pobreza, no como una fatalidad, sino como una conquista, casi como un esfuerzo. Siempre consideré la pobreza como algo que se disfruta sólo cuando deja alguna posibilidad de redención, igual que si uno aprovecha las convulsiones de un seísmo para cambiar de sitio los muebles. Se trataría de una pobreza cómoda, casi de sastrería, la clase de indigencia que no sale en las bolsas oficiales de la miseria, es decir, una pobreza sin demoscopia, algo así como la masturbación, que produce placer pero no ocasiona vida social. Fui pobre voluntario en otras etapas de mi vida gracias a haber dispuesto ocasionalmente de los medios económicos que un hombre necesita para el inefable placer de empobrecerse al contado. A esa pobreza deliberada la debo sin duda la suerte de haber sido un pobre con remordimientos, distinto de los pobres de toda la vida, que por ser víctimas involuntarias de su situación, lo que tienen es un lógico resentimiento. Los otros pobres nunca me consideraron uno de los suyos. ¿Cómo podía pretender equiparase a ellos un hombre que ganaba cada mes el dinero que necesitaba para permitirse el lujo de aquella pobreza en cierto modo tan solvente? ¿Podrían admitir en su corrillo a un tipo para quien la pobreza fuese una vocación irresistible, casi un vicio? Una madrugada me dijo un mendigo bajo la lluvia: «No somos en absoluto la misma cosa, amigo. Yo soy la mierda que arrastra el río; tú, muchacho, tú sólo eres el bañista que se lanza al agua por capricho». Y en esas sigo. No soy un pobre auténtico, pero a veces sueño que no tengo para la suerte de despertar el dinero que los pobres necesitan para el lujo de dormir.

  • Comparte esta noticia en Tuenti
 
0
   
Publicidad

Envía esta noticia a un amigo

Recuerde que los campos marcados con asterisco (*) son obligatorios.

© Copyright 2011, La Razón C/ Josefa Valcárcel 42, 28027 Madrid (España)