Bruno AGUILERA
A Obama los republicanos acaban de compararlo con Hitler porque, como prometió en el programa electoral con el que derrotó por goleada a McCain, quiere crear una Sanidad pública. Como en su día lo intentó Hillary Clinton. Y es que Hitler, antes de acabar siendo un paranoico sanguinario y genocida, ganó democráticamente las elecciones de 1933 con un programa social que además de cobertura sanitaria dio trabajo a millones de alemanes en paro, construyendo las autobahn y los wolkswagen, el primer coche popular de la historia de Europa. Por algo era socialista, aunque nacional.
Los Estados Unidos es sin duda un gran país, un Estado de derecho que personalmente merece todos mis respetos y mi admiración, salvo por el hecho de que la Sanidad y la Educación, dos cosas esenciales, cuestan una pasta. Recuerdo por experiencia propia que en USA más te vale entrar en el hospital con la VISA en la boca, porque si no te mueres como un perro. Por eso, que en USA se rasguen las vestiduras por intentar crear un sistema público de asistencia sanitaria, en Europa nos suena a salvajismo prehistórico, porque desde los tiempos de Bismarck la asistencia social es algo por fortuna perfectamente consolidado en el viejo continente. Que Obama se haya tirado a la piscina de la reforma sanitaria sin una propuesta lo suficientemente definida es verdad, que Leire Pajín al jactarse públicamente de que Obama quiere copiar a ZP, aunque sea en Sanidad, ha debido asustar a los norteamericanos también. Lo que no obsta para que sea impropio de un país civilizado que los más desvalidos no tengan derecho a Sanidad. Es sobre todo un escándalo. Forza Obama.