Psiquiatría
No sé a qué viene tanto estupor por el sangriento ataque militar contra los asentamientos de Hamas. Ni el golpe israelí constituye una sorpresa histórica, ni puede considerarse inesperado el balance de víctimas. ¿Se puede esperar acaso del odio algo que no resulte doloroso, horrible o simplemente cruel? Despojada de su revestimiento publicitario, Hamas es una organización terrorista que no duda en arroparse entre los niños para salvar su piel. Cualquier ataque israelí sobre sus bases lleva implícito el riesgo de causar víctimas indeseadas entre la población civil. Lo que produce estupor es que la industria militar haya desarrollado su pulcritud hasta alcanzar un grado de discernimiento que no deja de sorprender. Se trata de una precisión relativa que no garantiza en absoluto la inmunidad de una población civil que Hamas utiliza como simples sacos terreros. ¿No resulta un poco absurdo esperar de los bombardeos israelíes una eficacia domiciliaria que ni siquiera nos podría garantizar el servicio de correos? Podemos exigirle más precisión a la tecnología militar, pero no olvidemos que lo que se libra en Oriente Medio es una guerra larvada y que no hay la menor posibilidad técnica de que las bombas lleguen a su destinatario en las meticulosas manos del cartero. Mientras aguardamos el agradable estupor que nos produciría la paz, resignémonos a que la higiénica puntería de los aviadores nos compense de la sórdida vaguedad de los políticos. No habrá paz hasta que los progresos de la conciencia superen a los de la aviación. Preparémosnos para lo peor. Israel tiene en sus manos la remota posibilidad de que sus pilotos utilicen en sus bombardeos las sutiles técnicas de la cartería. En cuanto a Hamas, las expectativas solo pueden ser sombrías. Porque al margen de lo que digan sus publicistas, el terrorismo solo lo puede explicar con cierta lucidez la psiquiatría.






















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