Este entusiasmo mundial con el nuevo presidente negro de la Casa Blanca empieza a resultar un poco empalagoso

Queremos tanto a Obama

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8 Noviembre 08 - José Antonio VERA

De pronto es como si todo hubiera cambiado. Los americanos son buenos. El imperio es fenomenal. La comida yanqui es excelente y no engorda ni produce colesterol. Los marines van por el mundo defendiendo la democracia y si matan a alguien es por equivocación. La política de besos y flores del nuevo presidente negro de la Casa Blanca nos fascina tanto que ahora ya se va a materializar la gran alianza mundial de las civilizaciones. Obama y Zapatero juntos de la mano con Erdogán el turco a un lado y el mismísimo Ben Laden al otro. La progresía española aplaudiendo abobamada sin parar y el juez Garzón abriéndole un proceso interplanetario a Bush, a Aznar y a Blair por crímenes en Iraq y Afganistán. No se ha dado todavía cuenta nuestro admirado Barack Hussein de lo mucho que le pueden servir las amistades zapateras para cambiar el orbe. Garzón ordena desenterrar las tumbas de todos los iraquíes asesinados en las guerras mesopotámicas, abre juicio a los carceleros de Guantánamo y pone en libertad a los allí encerrados, después de sentenciar que Al Qaeda no tuvo nada que ver en el atentado contra las torres gemelas, y de comunicarnos que le ha dicho Pepiño Blanco que vamos a entrar como miembros de pleno derecho en el nuevo G20, ahora ampliado a 30 para que junto a Zapatero estén también Chávez y Castro, Morales y Gadafi, Amadineyah y Kim Jong il. En esa misma cumbre se deroga por decreto el Eje del Mal y se le cambia por otro más positivo y original, tipo Eje del Bien. Es muy bonito y agradable, ciertamente, contemplar este entusiasmo planetario ante los explícitos planes de cambio del inventor del yes-we-can. No sabemos muy bien en qué consisten. Sólo sabemos que quiere cambiarlo todo: humanizar el capitalismo, enterrar las armas, derribar los muros que separan al Este del Oeste. Me suena a la «perestroika» de Gorbachov. El único problema es que las flores y besos de Mijail acabaron con el imperio soviético, y no está claro que la «democracia» de Putin sea muy exportable. A Putin se le ve contento con Obama. Es el hombre ideal para su política expansionista y de rearme. Mientras Barack habla de humanidad, Putin se dedica a poner misiles y a recuperar el orgullo perdido, la posición que otrora tuvo y que desapareció por culpa de un tipo que también soñaba con cambiar el mundo con besos y con flores. No, pero en serio. A mí Obama me ha parecido un excelente candidato, y un político que habla bien y que conecta. Aunque desconfío un poco del entusiasmo general, en parte porque ya sabemos cómo se comportan las masas: hoy te encumbran y mañana te sepultan. El pobre Barack tiene un buen papelón. Deseamos que le salga bien, porque de eso depende en gran medida nuestro porvenir. Pero no me fiaría mucho de estos nuevos y espontáneos aliados que tanto le jalean. Zapatero también creía que podía cambiar la forma de pensar de los terroristas y los independentistas. Ya vimos con qué resultado. Estos muchachos jóvenes piensan que ellos pueden hacer lo que no pudieron sus predecesores. Ojalá sea así y el mundo cambie para bien y los terroristas renuncien a matar y los ladrones a robar. Pero me mosquea un poco tanto amor universal a Obama. La verdad.

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