¿Por qué no le dijeron a Dívar, a la cara, todo aquello que en diciembre dijeron del Consejo?

Se arrugan

 
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Se arrugan
18 Marzo 09 - Carlos ALSINA

Tan bravos como parecen en la andanada, y lo mansos que acaban siendo en el albero. Mucha vehemencia en el bocinazo y, a la hora de la verdad, pasteleo. Hace menos de tres meses, el nuevo Consejo General del Poder Judicial ratificó los mil quinientos euros de sanción al juez Tirado. Zapatero se rasgó las vestiduras y reclamó al presidente del CGPJ, Carlos Dívar, «una explicación a la ciudadanía». El grupo parlamentario socialista cursó solicitud de comparecencia urgente del señor Dívar para cantarle las cuarenta en el Congreso. «El CGPJ ha defraudado la confianza del Parlamento», dijo el presidente de la comisión de Justicia, Álvaro Cuesta, «ha demostrado que es rehén de las asociaciones judiciales y del corporativismo». Palabras gruesas, acusaciones graves, indignación sobreactuada y diputados justicieros. La tesis fabricada en Ferraz se repitió machaconamente: jueces corporativistas habían salvado a su colega de un castigo merecido, injustamente y a sabiendas. Grande escándalo social. Los jueces intocables, y los vocales traidores, debían ser achicharrados en la plaza pública. Cuesta empezó a amontonar leña para la falla. Bermejo y Blanco la remojaron en gasolina. Zapatero dejó hacer. Demoscópicamente, tocaba. «A por ellos», era el grito de guerra. Tres meses después -el pasado lunes- se produjo, al fin, la comparecencia. Dívar llegó, largó y se largó. Sin que nadie le preguntara ni por el régimen disciplinario de los jueces ni por aquel escándalo de encubrimiento y corporativismo que, en opinión de los diputados, supuso el caso Tirado. Tan bravos en la andanada, tan mansos en el albero. ¿Por qué no le dijeron a Dívar, a la cara, todo aquello que en diciembre dijeron del Consejo? ¿No le iban a exigir explicaciones, a recriminarle la laxitud de la sanción, no sugirieron que Dívar, y sus vocales, eran prevaricadores impunes? Yo esperaba un debate de altura sobre la recta interpretación de la ley y el desviado abuso del régimen disciplinario. Pero no hubo nada. Tanta trompetería en diciembre y tanta amnesia parlamentaria en marzo. Cuando el bicho está delante, se arrugan. Mucha mascletá pero cero fuego. El «rehén del corporativismo» volvía a ser un presidente honorable. Sin mover un dedo.

 
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