Tejanos en las rodillas

 
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Tejanos en las rodillas
25 Mayo 09 - Faustino F. ÁLVAREZ

En el anochecer del viernes, en la ciudad de provincias, los chavales salen a la calle con los tejanos medio caídos, y a bordo de las zapatillas zapatones blancos, y llevan las muchachas minifaldas o pantalones cortos aunque llueva, y calzado de tacón de aguja, y la inevitable cámara del teléfono móvil con el que se hacen fotografías y se mandan mensajes mientras hablan muy alto y, a la puerta de las discotecas, parece que algo grave ha pasado, mas es sólo el fragor ritual de la manada de las aulas cerradas en el fin de semana. «España va mal con esta juventud», me dice un casual compañero de ruta mientras atravesamos una selva que puede ser prólogo de un botellón. «Pues mira, amigo mío, -le respondo- estos jóvenes que enseñan los calzoncillos sin causa justificada o las muchachas que hacen equilibrios sobre unos zapatos blancos y de vértigo, quizá sean, en un futuro, los que nos arreglen las arterias en un quirófano, los que piloten los aviones en que viajaremos, los que nos asegurarán las pensiones si es que salimos de la crisis, y acaso entre ellos haya alguno que descubra un remedio contra el SIDA o que maneje con acierto los mandos del sistema financiero». Y le insisto recordándole que todos (casi todos) en algún tiempo fuimos adolescentes de dudosa reputación estética, y que el mundo avanza cuando rompe las amarras del pasado, y que ser joven no es, en sí mismo, ni un remedio ni una enfermedad. También le digo que uno empieza a envejecer, en cada generación, cuando convierte en obsesión eso de que la juventud está perdida¿ También es cierto que la juventocracia, como falso valor comercial y manipulado, nos empobrece, y que un país que jubila a sus médicos o a sus catedráticos a los 60 años, mientras pretende mantener a los albañiles hasta que se caigan del andamio con los huesos tiesos, es una patria poco amable, y más snob que reflexiva, y más de la moda que de la idea. Pero hay que dejar paso a los que vienen, y hay que creer en que el futuro no está escrito, y en que los aparentes disparates son renglones torcidos con lo que se escribe derecho, y que nadie debe imponer sus rutinas, y que mejor es acoger y alentar lo que viene¿

 
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