Dos pistoleros acaban con la vida de Ignacio Uría, propietario de una de las firmas adjudicatarias de la alta velocidad vasca. El atentado fue perpetrado en Azpeitia, cerca de la sede de Altuna y Uría
ETA intenta paralizar el TAV con el asesinato de un empresario
La Ertzaintza no facilitó a la Policía y a la Guardia Civil los datos del automóvil en el que huían los terroristas.
Madrid- ETA culminó ayer sus amenazas contra el proyecto de Tren de Alta Velocidad (TAV) para el País Vasco, contenidas en los últimos comunicados, y asesinó en Azpeitia, Guipúzcoa, a Ignacio Uría Mendizábal, un empresario de 70 años que era propietario de una de las firmas adjudicatarias de dichas obras. El atentado fue perpetrado por dos pistoleros, de unos 30 años de edad, que efectuaron sendos disparos a la víctima, uno en la cabeza y otro en el pecho, que acabaron con su vida. Después huyeron del lugar en un automóvil que apareció quemado con el fin de borrar huellas o rastros de ADN.
Un testigo que vio los hechos tomó nota de la matrícula del citado coche e incluso le siguió durante un trayecto para ver hacia dónde se encaminaba. Según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas, esta persona se lo comunicó a la Ertzaintza que, sin embargo, no dio cuenta en un primer momento de datos tan importantes ni a la Guardia Civil ni a la Policía Nacional, que hubieran podido colaborar en el cierre y bloqueo de la zona.
Los hechos se iniciaron a las 9:30 de la mañana cuando tres individuos interceptaron a una persona que viajaba a bordo de un Alfa Romeo por la zona de Icíar-Deva y le robaron el coche.
A continuación le taparon los ojos con una venda y le maniataron. Uno de los etarras se quedó vigilándole para que no pudiera denunciar el hecho. Los otros dos se dirigieron a Azpeitia y aparcaron en las inmediaciones del restaurante Kiruri, próximo a la empresa Altuna y Uría de la que la víctima era propietario.
Por las informaciones que, sin duda, habrían realizado elementos «legales» (no fichados) de Azpeitia o de sus alrededores, los terroristas sabían que Ignacio Uría acudía regularmente a ese restaurante para jugar una partida de mus con un grupo de amigos antes de ir a comer a casa y que, además, no llevaba escolta. Este dato no ha dejado de sorprender dado el nivel de amenaza de ETA hacia las empresas adjudicatarias de las obras del TAV. Sin embargo, después de lo ocurrido el pasado mes de junio, cuando el Gobierno vasco se empeñó en desvincular los atentados que había sufrido otra firma adjudicataria, Amenabar, de su participación en el proyecto, es posible que algunos industriales no hayan interiorizado aún el nivel de riesgo.
Cuando los terroristas comprobaron que Uría estaba en las inmediaciones del restaurante, salieron del coche, se dirigieron hacia él y le dispararon en la cabeza y en el pecho. Era la una de la tarde. Huyeron en el automóvil de nuevo hacia Deva y el alto de Iciar para recoger al tercer etarra. Después, quemaron el vehículo. Las citadas fuentes dan como seguro que desde allí siguieron la huida en otro vehículo del que, al cierre de esta edición, no se tenía ningún dato conocido.
Uría quedó malherido en el suelo, mientras los servicios sanitarios llegaban al lugar y trataban sin éxito de reanimarle hasta las 13:50 horas, cuando se le dio por fallecido.
Su cadáver fue trasladado al Instituto Anatómico Forense de San Sebastián, una vez decretado el levantamiento del cadáver. Uría estaba casado y tenía cinco hijos, tres varones y dos mujeres, algunos de los cuales se desplazaron al lugar del atentado nada más tener noticia del atentado.
En lo que va de año, ETA ha atentado en tres ocasiones contra empresas que participan en las obras del Tren de Alta Velocidad vasco.
Además, empresas, organismos e intereses del TAV han registrado otros 18 ataques de menor intensidad. El último atentado fue el pasado 27 de julio, cuando ETA colocó una bomba en las obras de la autopista A-8 (Bilbao-Behobia) en el municipio guipuzcoano de Orio, produciendo daños en al menos cuatro vehículos y ocho casetas de la construcción. Estas obras las realizaban las empresas Acciona y Fonorte.
A este ataque se suman los ya citados contra la empresa Amenabar. El pasado 1 de junio, ETA hizo explotar una mochila cargada con entre tres y cinco kilos de explosivo en la sede que la constructora tiene en Zarauz.
Era el segundo atentado de la banda en menos de un mes contra la compañía, después de que el pasado 12 de mayo colocara dos bombas contra sendas excavadoras de la firma en Hernani.
Amante del trabajo
- Pese a sus 70 años, Ignacio Uría seguía muy activo en su empresa y todas las mañanas se dedicaba a visitar las numerosas obras que esta compañía tiene adjudicadas en Guipúzcoa, donde departía con los jefes de obra y controlaba los trabajos.
- Estaba casado y tenía cinco hijos: tres varones y dos mujeres. Una de sus mayores aficiones eran las cartas, a las que jugaba casi todo los días. Pero sus familiares y amigos coinciden en que lo que ha hecho toda su vida es «trabajar, trabajar y trabajar».






















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