Tómbola

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25 Marzo 09

La publicidad de la miniserie ha tenido su jugo: «Por qué Pepa Flores mató a Marisol», cierto aire de «thriller» para sazonar la biografía televisiva más o menos autorizada de la estrella, con los clásicos ingredientes melodramáticos que sirven para dibujar la peripecia de la niña que pierde la inocencia devorada por los lobos de la industria del espectáculo y la fama, que es muy esclava. Un producto con inevitable tirón popular, porque Marisol forma casi parte del patrimonio nacional, con aquella presencia que brillaba tanto como el sol que quemaba a los turistas en pleno plan de desarrollo, paralelo al propio desarrollo de la artista. La vida es una tómbola, pero la de Pepa Flores fue un reflejo en la pantalla de la evolución misma del país. Si nos fijamos, en sus películas podíamos seguir su particular trayectoria existencial. Desde la pizpireta mocosuela con salero y lágrimas que hacía caer la baba de los padres del franquismo, al progreso y la modernidad de la jovencita yeyé y minifaldera, hasta completar la transición en rebeldía como una Mariana Pineda, la provocación de la libertad por el desnudo glorioso y la belleza revolucionaria con el puño en alto y el pelo desmelenado por los vientos del pueblo. Lo que va de entonar el «Corre, corre caballito» a cantar la Internacional. Es igual, siempre la hemos amado como símbolo de nuestros mejores sentimientos. Pienso que, ante la crisis de ideas, este género del «biopic» puede resultar un filón que salve la audiencia. Ya puestos, ¿porque no seguir con uno sobre Joselito?: de niño prodigio a mercenario, traficante y presidiario. Menudo material. Sólo para empezar, porque tenemos personajes con fondo goloso a punta de pala. Todo es ponerse.

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