Tontos
Los políticos, cuando se meten a analistas de lo suyo, suelen batir récords al decir el mayor número de estupideces en el menor tiempo posible sin que el rubor les ponga la cara más roja que un semáforo. El penúltimo ha sido Pedro Castro, el alcalde de Getafe. Después de rascarse la cabeza, supongo que para sacudirse tanta caspa intelectual sin conseguirlo, se preguntó: «¿Por qué hay tantos tontos de los cojones que todavía votan a la derecha?». No encontró la respuesta. Normal, no la hay. Si algo tienen los tontos, a la vista está, es que están delante, detrás, alrededor, a la derecha y también a la izquierda. El tonto no tiene ideología salvo la de su estupidez que,de tanto en tanto, se apropian los partidos para hacer políticas carentes de toda lógica y alejadas del sentido común. Que sean patrimonio de la derecha... bueno, es una oportunista conclusión a la quepodría llegar cualquier aprendiz de la tontuna, incluido Pedro Castro. Es más, su aguda observación tendrá su éxito: habrá tontos de izquierdas que estén dando palmas con las orejas ante tal aseveración.
Sin embargo, tampoco faltarán los listos de la misma inclinación política, yo misma, a los que les avergüence estar en la misma orilla ideológica que este individuo por cuanto tiene la descalificación de simple. Una creía que este tipo de reduccionismo ideológico ya estaba superado que, esta vez sí, era brasa que no hacía rescoldo ni aventándola con la (parcial) memoria histórica. Error. Lo de Castro puede pasar de frase desafortunada a desatino si cae en manos de unos descerebrados. Porque, sin ponerse tremendistas, se empieza llamando tonto al contrario y se termina formando una zapatiesta de esas que pasan a lacrónica negra de los libros de Historia. Y de eso, en este país,sabemos mucho.






















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