Una niña inglesa rechaza un trasplante para «morir tranquila»

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12 Noviembre 08 - Londres - Celia Maza

Hannah Jones conoce desde los cinco años lo que significa estar ingresada en un hospital. Ha pasado más tiempo en las camas de los centros que en su propio dormitorio. Ahora está cansada y no quiere más tratamientos. Con sólo 13 años, ha conseguido convencer a las autoridades sanitarias para que la dejen morir en casa. Según reveló ayer la prensa británica, los responsables de protección infantil del condado de Herefordshire (sureste de Inglaterra) decidieron el pasado lunes abandonar el proceso legal que se disponían a iniciar para forzar a la menor a someterse a una delicada intervención de corazón que podría, o no, prolongar un poco más su adolescencia. Órgano dañado Cuando era muy pequeña, a Hannah le fue diagnosticada una rara forma de leucemia. Tuvo que tomar medicamentos tan potentes que le causaron un agujero en el corazón. Tras ser tratada del cáncer, el órgano no pudo crecer al mismo ritmo que lo hacía el resto de su cuerpo. Los médicos querían someterla ahora a un trasplante, pero le avisaron de los riesgos: no había un cien por cien de posibilidades de que saliera con vida y en caso de que todo fuera bien, los medicamentos que luego debía tomar podrían desarrollar de nuevo la leucemia. Durante los últimos ocho años, la paciente ha vivido entre ambulancias, salas de Urgencias y camas de planta sin pasar apenas más de tres meses seguidos en su hogar acompañada de sus tres hermanos pequeños. Nada le daba resultado y llegó un momento en que no pudo más. Su madre, Kirsty, enfermera de cuidados intensivos, y su padre, Andrew, auditor, intentaron explicar a las autoridades que su hija ya no quería más tratamientos, pero nada les dio resultado. El pasado viernes, recibieron una llamada telefónica de las autoridades infantiles de Herefordshire para advertirles de que podían retirarles la custodia. Convicción Antes de colgar, el padre les pasó a Hannah. El lunes a primera hora, el proceso legal había terminado. «Debió hacer un buen trabajo [al teléfono]. Mi mujer y yo acordamos que apoyaríamos a nuestra hija en lo que quisiera hacer. Ella sabe que puede cambiar de opinión en cualquier momento», matizó el padre. Con el primer deseo cumplido, ahora sólo hace falta el segundo: que el corazón de Hannah aguante al menos hasta Navidades.

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