Ruedas pelig.rosas
¿A quién le sobra un casco?

Buena polémica se ha montado sobre la obligación de los ciclistas de llevar casco en vías urbanas que contempla el futuro Reglamento de Circulación. Por más que leo y releo opiniones de unos y otros, me cuesta encontrar declaraciones exentas de intenciones. Y cada vez me sorprendo más. Entre los detractores de estas medidas hay quien se queja de que se trata de un afán recaudatorio más de la Administración para sacarnos el dinero a los ciudadanos de a pie (bueno sobre ruedas) a base de multas. Otros, como la Federación Europea de Ciclistas, aducen que va a disminuir el uso de este medio de transporte con tantos beneficios para los usuarios. Otros temen que su inversión deje de ser efectiva (léase los ayuntamientos que han puesto un servicio de préstamo de bicicletas públicas en sus calles como Barcelona o Sevilla). No falta quien pone de ejemplo a países europeos como Dinamarca, Holanda o Suecia, donde hay una legislación nada restrictiva y el uso de la bicicleta es masivo. Algunos llegan incluso a pedir más "libertad", de tal forma que cada uno pueda decidir si quiere romperse o no la cabeza cuando va en bici. Sin olvidar a muchas asociaciones ciclistas que han puesto el grito en el cielo al conocer este futuro reglamento.

Esta semana se ha presentado una investigación en el Congreso Americano de Pediatría, en Washington, realizada por el Centro Micheli para la Prevención de Accidentes Deportivos de Bston, que analizó los datos de los jóvenes ciclistas que resultaron gravemente heridos o muertos entre enero de 1999 y diciembre de 2009, y muestran que 2.451 niños y adolescentes sufrieron discapacidad o fallecieron. El estudio realizado por el director del centro, William P. Meehan III y sus colaboradores avala el uso del casco ya que conlleva un menor número de muertes y discapacidades, ya que los resultados hablan de una tasa de 2 niños afectados por cada millón en los estados donde se obliga a llevar casco frente a 2,5 por millón en los estados donde la legislación es más permisiva.

Pero al margen de legislación, informes o intención recaudatoria o no, me resulta casi imposible comprender que haya algún padre que esté en contra de que sus hijos usen el casco cuando van en bici. No hay ni una sola razón para no hacerlo, y sí muchas para llevarlo. Una caída tonta puede significar una discapacidad severa de por vida, un daño cerebral de no sé qué grado que condicionará el futuro de nuestros hijos. Pero el problema no es sólo de los niños o adolescentes, es de todos los que vamos sobre ruedas. Si los niños comprenden que llevar el casco sobre la bici es bueno y seguro para ellos, es irracional que los adultos no lo usemos. Ayer, como muchas veces, me crucé con un niño en bici con su casco junto a su padre en una bici mucho más rápida sin casco. Y pensé que si ese adulto sufre una caída y se golpea la cabeza, ese niño tendrá que cuidarlo cuando sea mayor. Aparte, claro está, de lo que costaría el ingreso o tratamiento en el sistema público de salud, gasto que como es lógico habría que detraer de otras partidas consideradas "no tan urgentes". Esta última reflexión, la del coste, va dirigida a los que piensan que cada uno es libre de decidir si quiere arriesgarse a romperse la cabeza o no, libertad que acabaríamos pagando todos con nuestros impuestos.

Ciclistas con cascos circulan por un carril-bici
Ciclistas con cascos circulan por un carril-bici
Cipriano Pastrano

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El ocio también tiene derecho a ser accesible. Os sorprenderéis con lugares o rincones curiosos que a priori pueden parecer infranqueables para una persona en silla de ruedas. El mundo de la discapacidad tiene aquí una voz.

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