Ruedas pelig.rosas
A vueltas con el gasto del turismo

Todavía no ha nacido el hostelero al que oiga decir que le va bien. Da igual época de crisis o de no crisis: el lamento siempre sale por sus labios. Da igual que bares y restaurantes estén llenos o, que sea difícil encontrar habitación de hotel justo cuando por fin tienes unos días libres y el dinero suficiente para disfrutar de un merecido ocio: la queja es su compañera noche y día. Da igual que las cifras hablen de que en el primer trimestre de 2013 los turistas extranjeros se han gastado en España la friolera de 9.306 millones de euros: su valoración siempre es negativa.

Hace poco días, visitando un curioso alojamiento accesible de turismo rural ubicado en la antigua estación de tren de la localidad de La Rabanera en Burgos, Dani, el propietario, me dio la clave: "hace diez años cuando yo cogí esta estación para restaurarla y conseguí abrir el alojamiento rural había menos de una docena de casas rurales por la zona, hoy rondan el centenar". O lo que es lo mismo: cada vez hay que sacar más trozos de la tarta. En definitiva que el sector del turismo tiene que reciclarse para sobrevivir.

Las cifras aportadas por la encuesta Egatur publicada por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, hablan de que España recibió en el primer trimestre de este año a 9,4 millones de turistas internacionales, un 2,3% por ciento más que el mismo periodo de 2012. Y éstos se gastaron un 8,4% más que el año anterior; además el gasto total realizado por los turistas que se alojaron en hoteles creció un 11,1%, mientras que el asociado al alojamiento no hotelero avanzó un 19,7%.

Está claro: ya no se trata de seguir aumentando la oferta de manera exponencial, se trata de dar buenos servicios, de tener alojamientos que sirvan para todos, de ofertar actividades alternativas atractivas, accesibles y asequibles. ¿De qué sirve un hotel bonito, atractivo, elegante, bien cuidado... si es imposible entrar con una silla de ruedas, con un cochecito de bebé, con un par de maletas en la mano, con una persona mayor que nos acompañe o con un niño pequeño que no se quiere separar de su correpasillos?

Los viajeros cada vez somos más selectivos y buscamos mejores prestaciones sin necesidad de enfrentarnos a un precio desorbitado. En la Europa del S. XXI, no debería de tener que hablarse de turismo accesible. Los hoteles, restaurantes, monumentos... no deberían plantearse entradas, ubicaciones o recorridos "especiales" para las personas con movilidad reducida, ¡todo tendría que ser accesible!

Las leyes caminan en esta dirección, pero creo que no es un problema de leyes, es un problema de concienciación, y en muchos casos incluso algo más sencillo: un problema de desconocimiento. Siempre recordaré cuando hace más de 20 años vi cómo en un cámping de Castellón el dueño del establecimiento ponía a disposición de un campista en silla de ruedas a un carpintero para que modificase, arreglase o sustituyese a su gusto la puerta del baño para que pudiese entrar, ya que hasta ese momento no se le había ocurrido que su cuidado y moderno cámping podría ser una barrera infranqueable para un sector de la población. Y así debería ser siempre: turismo para todos.

A vueltas con el gasto del turismo

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El ocio también tiene derecho a ser accesible. Os sorprenderéis con lugares o rincones curiosos que a priori pueden parecer infranqueables para una persona en silla de ruedas. El mundo de la discapacidad tiene aquí una voz.

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