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¿Acoso al amor?

Tiempo de lectura 4 min.

08 de marzo de 2017. 21:51h

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Cuando Pablo Iglesias hizo público su deseo de azotar a Mariló Montero hasta ver su primera sangre, la APM no salió en defensa de Mariló Montero. Cuando Pablo Iglesias pidió a su eficaz servicio de trolls una recopilación de «declaraciones inaceptables» de Alfonso Rojo, Amando de Miguel, Alejo Vidal-Quadras, Hermann Tertsch e Isabel San Sebastián «antes de las 11 horas», la APM no salió en defensa de nadie. Cuando el departamento de insultos y amenazas de Podemos en las redes sociales nos llama sutilmente «hijos de puta» y amenaza con pegarnos un tiro a Antonio Burgos, Carlos Herrera, Francisco Marhuenda, Eduardo Inda, Federico Jiménez Losantos o a quien esto escribe, nadie de la APM ha mostrado interés o preocupación por nuestra libertad o integridad física. Más que a los periodistas, Podemos busca atemorizar a los directores de periódicos y programas de radio y a los columnistas de Opinión que se resisten a aceptar el sistema estalinista. Podemos no puede amenazar a los periodistas en general porque cometería una descomunal torpeza. No se amenaza ni se acosa al amor. Y Podemos está donde está gracias al embobamiento de los medios de comunicación y a la irresponsabilidad de sus empresas. Podemos ha sido y es un buen negocio, y gracias al negocio, Podemos ha crecido y se ha crecido.

Me resultó patética aquella rueda de prensa que Pablo Iglesias protagonizó sentado en el suelo alfombrado del Congreso con los corresponsales parlamentarios también enculados, sonrientes y felices. Podemos no acosa a quienes les regalan su colaboración y obediencia, y son muchos los periodistas generosos. Podemos, según declaración de Pablo Iglesias, desea un periodismo controlado por el Poder político, siempre que el Poder político sea el de ellos. El pensamiento único y la guadaña comunista. Podemos quiere que España sea Cuba o Venezuela, y Podemos usa de los resortes de las amenazas –y ahí ha acertado plenamente el portavoz del PP Rafael Hernando–, que tan benéficos frutos proporcionaron a Batasuna y demás grupos cercanos al terrorismo. Podemos no se ha quitado careta alguna, porque nunca la llevó puesta. Podemos odia la libertad de opinión, el Estado de Derecho y la unidad de España. De conseguir el poder político nacional, la nación española desaparecerá en provecho de decenas de territorios fragmentados. Y Podemos, no alberguen duda alguna, encarcelará a todos los escritores, periodistas y demás opinantes adversos a la tiranía y la dictadura.

Pero lo del «acoso a los periodistas» se me antoja una aurora boreal artificial y exagerada. Nadie acosa a quien le sirve, y muchos periodistas en España son servidores de Podemos, gracias a la fragilidad moral de sus empresarios. Podemos invita a los acosados a acudir a los tribunales, a sabiendas de que una buena parte de los jueces simpatizan con ellos y comparten su sentido del humor. Porque Guillermo Zapata, y digámoslo sin tapujos, es un hombre muy gracioso, como Rita Maestre deseando que los cristianos y sus templos ardan como en el 36, o el propio Pablo Iglesias –también amparado en su humor–, cuando reconoció el placer que experimentaba al ver como le abrían la cabeza a los policías en las manifestaciones.

Podemos acosa a quien se enfrenta a ellos, que son muy pocos. Hay muchos periodistas que en su labor diaria, callados y serviles, colaboran y simpatizan con sus quimeras bolivarianas, iraníes, coreanas y carceleras. La APM puede estar tranquila y callada, como ha hecho hasta ahora. No hay que preocuparse. Al amor se le ama, no se le acosa.

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