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Bolivariano y carajote, con «o»

Tiempo de lectura 2 min.

09 de mayo de 2017. 20:11h

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Prueban la degradación de la universidad española detalles como que posean un título superior –o habrá que verlo, porque el político en general es mentirosete en estas cuestiones y el podemita en particular, ni les cuento– acémilas como un tal Juan Porras, sedicente antropólogo y concejal bolivariano en Mijas (Málaga). Ignaro de burricie enciclopédica y fatuo como sólo los muy tontos alcanzan a serlo, saltó a la fama hace unos años, cuando quiso borrar del nomenclátor de su pueblo las referencias al descubrimiento de América, por imperialistas, sustituyéndolas por menciones a la Antigüedad clásica. Y, claro, lo dejó planchado el alcalde. «Señor Porras, ¿acaso no eran imperialistas los romanos? ¡Pero si masacraron a los celtas e hicieron desaparecer la cultura ibera!». El vídeo es desternillante. Pues resulta que el mastuerzo, impermeable a los intentos alfabetizadores de los buenos samaritanos que encuentra en su camino, ha perpetrado ahora una traducción (¡!) de «El principito» a una especie de jerga deforme trufada de kas y zetas, al abertzale modo, y que el tipo denomina, con un par, «nuettro idioma andalú». Y firma el muy lerdo como Huan Porrah, sin considerar que en el Sur de España llamamos «churros» a las Porras de su apellido castellano y olvidando también que sus amigos de Bildu podrían haberle adaptado el patronímico al vascuence batúa: Katxiporra. Total, puestos a destrozar el idioma... El dialecto, a mucha honra, andaluz es una bellísima variedad de la universal lengua española que posee una palabra para designar con precisión a los urdidores de semejantes ocurrencias: carajotes. No está recogida en el DRAE, que remite a carajete, voz despectiva que en Venezuela (caramba, qué coincidencia) define a una «persona muy despreciable».

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