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Camiones asesinos

Tiempo de lectura 4 min.

10 de enero de 2017. 21:46h

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Alfonso Ussía 10/1/2017

Para los medios de comunicación amables con el terrorismo islámico, el mito de la lucha palestina y el odio a Israel, ha surgido un nuevo modelo de asesino. El camión. Así que amanece el camión malhumorado, y decide matar a los inocentes que se encuentre en sus desplazamientos. Resulta muy doloroso recordar que la responsabilidad penal de un vehículo la inventó y defendió con inteligente cinismo quien terminó siendo brutalmente asesinado en El Salvador junto a otros compañeros sacerdotes de la Compañía de Jesús. Me refiero al padre Ignacio Ellacuría, que no ocultaba su simpatía hacia la ETA, y que con posterioridad a la portentosa perversidad y brutalidad del atentado contra el cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza –niños asesinados–, estableció en TVE una interesante diferencia entre la bomba adosada en un coche y el coche bomba. En la primera opción, lamentándolo con sincera bondad cristiana, asumía la intervención del terrorista, en tanto que en la segunda, responsabilizaba directamente al coche de la masacre. Una bomba en el coche que explosiona es la consecuencia de un acto criminal premeditado por los que adhieren el artefacto a los bajos del vehículo, pero un coche-bomba es el resultado de una protesta social contra un sistema político. Corrían los tiempos de la Teología de la Liberación, que autorizaba a los hombres de Dios a usar de la violencia si así lo interpretaba desde su libertad el teólogo en pos de su liberación. Teología que fue derrotada y terminó con la esperanza y la vida del padre Arrupe, el Superior General de la Compañía de Jesús que se le fue de las manos, para su desgracia y tristeza, el control de la magnífica obra de Ignacio de Loyola.

Si un yihadista muere, o un palestino en Israel –caso reciente–, decide matar a unos judíos y es herido y rematado por un soldado hebreo, el asesino es el soldado. Si en Alemania o en Jerusalén, un terrorista palestino atropella al volante de un camión a ciudadanos indefensos que hacen uso de su libertad, el asesino es el camión. Europa es tan cretina, que en unos meses se aprobará en el Parlamento Europeo la creación de prisiones de alta seguridad para camiones. Camiones que circulan sin conductor, a su albedrío, y que deciden a quienes atropellar para terminar con sus vidas. Escribirá «El País» y se dirá en «La Sexta». «Ha sido detenido el camión que ha acabado con la vida de cuatro jóvenes israelitas. Ha pasado a disposición judicial, y el juez, con firmeza, ha ordenado su ingreso en prisión sin fianza. El camión asesino ha sido conducido a una prisión de camiones de alta seguridad. El camión ha intentado demostrar al juez que su mecanismo responde a los deseos del conductor, pero el juez ha desestimado tan pobre defensa».

Los grandes fabricantes de camiones de Europa, con la Volvo y Mercedes en cabeza, después de pedir someras disculpas a los familiares de los atropellados, han prometido que instalarán en sus vehículos un dispositivo que impida a los camiones atentar contra la vida de los viandantes en cualquier ciudad o localidad de Europa o de Israel. Medida que será secundada por todos los grupos políticos del Parlamento europeo, a excepción de los populistas, que defienden la voluntaria discrecionalidad de los camiones para adoptar las decisiones que crean oportunas. Porque un asesino al volante de un camión no es lo mismo que un camión asesino con un pobre terrorista al volante.

Urge la construcción –para el inmediato futuro–, de una gran prisión para camiones asesinos, siempre que por su extensión no entorpezca con sus muros la libertad de movimientos de los sapos perteros, cuyo futuro tanto preocupa en PACMA. Menos mal que doña Soraya, amiga del diálogo sin fronteras, ha aceptado el problema como cosa suya. Los etarras a la calle, los Pujol en casa, pero con los camiones asesinos, ninguna flexibilidad, como con la Pantoja.

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