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Chismes desleales

Tiempo de lectura 4 min.

15 de agosto de 2017. 22:49h

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En su día, mi gran amigo e ilustre penalista José María Stampa Braun aceptó ejercer la defensa de Rafael Escobedo, copartícipe del asesinato de los marqueses de Urquijo. Me colaba en el juicio que se celebró en las Salesas y una mañana me llamó: –No faltes hoy. Declara como testigo el mayordomo, que es un pájaro de cuentas–. El mayordomo de los Urquijo transportaba un culo en bamboleo, un antifonario de este a oeste, y tenía muy malas pulgas. El fiscal era excesivamente curioso y se entrometió en la vida cotidiana de los marqueses. Más que un fiscal parecía un contertulio de «Sálvame», que a Dios gracias, todavía no se emitía porque no había llegado a España el italiano de Berlusconi. Y formuló al mayordomo la siguiente e innecesaria pregunta. –¿Qué tal se comía en casa de los marqueses?–. Y el chismoso y desleal mayordomo ajustándose la nalga derecha que se le había resbalado hacia abajo, respondió: –Cuando invitaban a comer al duquesío, el marquesío y el condesío, se comía divinamente bien, de lujo. Pero en el día a día, la comida era una puta porquería, con perdón–.

El presidente del tribunal tuvo que poner orden por las carcajadas y el alboroto que se adueñaron de la sala.

Ignoro el montante del sueldo que le pagaban los marqueses de Urquijo al mayordomo, pero no era persona agradecida. Ante una pregunta tan absurda tendría que haber respondido con un «se comía más o menos bien, como en todas las casas», sin especificar su opinión del día a día. Pero muchísimo más que el mayordomo de los Urquijo, ha cobrado el futbolista Neymar del Barcelona. Se han hecho multimillonarios en el Barcelona, no sólo el futbolista, sino el padre, la madre, la tía , el agente, el subagente y toda la pandilla. Y aunque su deslealtad chismosa ofrezca rasgos de interés, no deja de ser una traición la extensión camaleónica de su lengua.

Pero ha dicho lo que todos nos figurábamos.

«El ‘‘Barça’’ es una secta. Te obligan a hablar en catalán, y todos sabemos que es un club nacionalista y antiespañol. Pero en el vestuario y en el campo todos hablamos en español. Cristiano Ronaldo ha sido siempre mi ídolo, pero en el Barcelona te obligan por contrato a decir que Messi es el mejor, como en una secta».

Por las desleales palabras de Neymar se abre la ventana de la comprensión. Ahora se entiende mejor lo que le sucede al Barcelona y la resistencia de muchos futbolistas deseados por La Masía a fichar por el «Barça». Ya lo apuntó Alves cuando se dio el piro hacia Turín. Estos jugadores que vienen de fuera a jugar en España y son obligados a hablar en catalán, no pueden sentirse bien tratados. El catalán es una riqueza cultural de los catalanes, pero fuera de aquella región española, el catalán no sirve para nada que no sea el enriquecimiento intelectual de una lengua. Juegan al fútbol en España, se hacen millonarios en España y su Liga Nacional, les llueven contratos publicitarios en España, y les hacen ver que forman parte de un club antiespañol. Para asimilar esa contradicción y semejante majadería hay que ser catalán, no brasileño, ni croata, ni alemán, ni uruguayo como el vampiro, ni francés. Sólo catalán y del minoritario sector separatista. Obligar a los jugadores a hablar en catalán es de un aldeanismo acomplejado insuperable. Y que por contrato, los componentes del primer equipo estén obligados a decir que Messi es el mejor del mundo, denota una debilidad argumental cercana al encefalograma plano. Messi es probablemente el mejor futbolista del mundo, pero no por obligación contractual. Y cuidado con Messi, que ha visto con la marcha de Neymar las orejas al lobo, aún no ha renovado, y no parece dispuesto a renunciar a toda la riqueza que ha acumulado en España alistándose en las filas de la CUP. Si Messi adivina un porvenir de conflicto, una posible y obligada expulsión del Barcelona de la Liga española, y le siguen obligando a hablar en catalán –como a su hermana en el colegio, y en Argentina está–, es probable que se despida en español de los directivos de La Masía porque después de vivir dos decenios en Barcelona aún no sabe cómo se dice y qué significa «bona nit».

Hay deslealtades chismosas que sólo sirven para provocar la hilaridad de los presentes en un juicio por asesinato, y otras que aportan una información superficial pero muy significativa, como las palabras de Neymar. En el fútbol de hoy no se puede ganar nada si el principal objetivo de un club es que sus jugadores aprendan el catalán. Y de ahí la melancolía que se adivina en sus futbolistas foráneos, que además están obligados por contrato a decir que Messi es el mejor del mundo, que es muy posible que lo sea, por otra parte.

No intento molestar a nadie. Pero son unos paletos.

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