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Como cualquiera

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01 de febrero de 2017. 22:37h

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Irene Villa 1/2/2017

A muchos nos dejó reflexionando la frase de la madre del conductor del autobús escolar siniestrado en Fuenlabrada que dio positivo en un test de droga: «Mi hijo tomó cocaína el viernes, como cualquiera». Cierto que el consumo de drogas está lamentablemente muy extendido, pero esta justificación (muy de las madres por cierto) sólo pretende, con todo el derecho del mundo, eximir cualquier atisbo de culpa. Pero hemos de reconocer que esa manía de los progenitores de justificar todo, repito todo, lo que hacen nuestros hijos, ni nos ayuda a nosotros en esa difícil labor que es la educación, y mucho menos les beneficia a ellos. Y es que el «comprender» y «justificar» cada acto, respuesta, conducta y actitud de nuestros hijos, fomenta que se crean importantes, incluso el centro, y que, en el momento en que las cosas no salen como ellos esperan, se sientan tremendamente frustrados, algo que suele ocurrir a la mínima que se les contradice y que, por cierto, perjudica a toda la familia. Y éste es el problema mayor que tristemente hoy casi tiene «cualquiera» de esos jóvenes a los que queremos sobreproteger con la mejor de las intenciones, pero que lo único que conseguimos es lanzarles a un mundo hostil sin las herramientas necesarias para desenvolverse ni hacer frente a las diferentes adversidades que la vida te obliga a enfrentar. Y es que no tolerar la frustración, además de despertar la rabia o el enfado, implica que no ha existido ese necesario proceso de aprendizaje a través del cual, por ensayo y error, se generan las habilidades básicas para afrontar la vida. Y es que la vida está llena de adversidades, barreras y desafíos. Obviamente, no nos podemos pasar toda nuestra existencia sorteando y esquivando este tipo de circunstancias incontrolables. Lo que ocurre cuando no se tienen esas habilidades es que aparecen dos emociones igualmente peligrosas y limitantes: la ira y el miedo. Ambas conducen a conductas agresivas que dicen mucho y nada bueno de quienes se dejan llevar por ellas.

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