Música

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«¿Cómo estás?»

La Razón
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Un 14 de junio de 2015 el hijo de Nick Cave, Arthur, perdió la vida al precipitarse por un acantilado en Brighton, Reino Unido, donde vive la familia Cave. Tenía 15 años. Sobrevivió el otro vástago, Earl, la madre, Suzie, y el padre, príncipe del rock and roll más inclasificable, atormentado y maduro. Apenas un año más tarde, Cave y su banda, los Bad Seeds, liderados por el polifacético Warren Ellis, publicaban «Skeleton Tree». Un disco doliente, aureolado de niebla, en el que el australiano trabajaba desde antes de la tragedia. Después del accidente apenas restaba incluir algunos detalles, pero resulta lógico que en sus letras los más supersticiosos leyeran sabe dios qué siniestras premoniciones. «Bullshit», exclama Cave en el documental «One more time with feeling», que sigue los últimos días en el estudio, el continuo sobresalto de intuir que, por mucho que avances, la tragedia te perseguirá con la voracidad del lobo que olfatea al cordero, la desesperación de un hombre que intenta, sin encontrar alivio al dolor porque no existe, renegociar su lugar en el mundo. El dueño del lenguaje, el escritor sublime, ni siquiera sabía cómo articular una respuesta cuando al entrar en un comercio el dependiente preguntaba: «¿Cómo está?». Una película desgarradora que alcanza a retratar el confuso tuétano de la pérdida y la culpabilidad, la pulpa que humea tras la muerte del hijo, fabricado a partir del artificio. La sofisticación narrativa le permite a Cave tantear sus propias vísceras. Cuentan que cuando la vio acabada odió cada segundo. Afortunadamente le convencieron para no tocarla (tenía derecho de veto). Un año después, a punto de trasladarse con su familia a Los Ángeles («[Brighton] Se ha convertido en un lugar más hermoso para vivir», le ha explicado a Matt Williams, de la revista «Vice», «y a la vez en un lugar donde ya no podemos vivir»), Cave ha tocado en Brooklyn. Dos noches consecutivas y acompañado por los Bad Seeds. No pude verle, aunque sí las dos últimas ocasiones en que tocaron aquí, cuando presentaban «Push the sky away», pero gente en la que confío y que estuvo presente me asegura que el espectáculo fue sublime, atronador, hermoso. «El concierto más sexy y, al mismo tiempo, más desgarrador que haya visto nunca», me decía ayer una amiga. Le creo. Cave ha crecido desde los días salvajes de «Birthday Party», aquel combo nihilista, hasta transformarse en un «crooner» experimental, cruce de Nina Simone y cantante de blues. Su producción penúltima, sosegada sólo en apariencia, constituye una de las peripecias creativas más subyugantes que imaginar puedas. Como estos días también promociona una caja retrospectiva, treinta años de los Bad Seeds condensados en un lujoso estuche, y a la vista de que, lejos de sestear, sigue avanzando, pronosticamos un futuro espléndido a Cave y su combo de exiliados. Lástima que su nueva gira no recale en España. Si por casualidad se encuentran en París el próximo octubre o en Italia en noviembre, hágase un favor y compre entradas. Le devolverá la fe, ingenua pero necesaria, en el poder curativo del arte.