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Complejos constitucionales y el 155

Tiempo de lectura 4 min.

25 de junio de 2017. 21:54h

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Casi en el epílogo de la última legislatura de Felipe González, –acababa de producirse el fallido atentado de ETA contra un José María Aznar que, ya con rumbo inexorable a la Moncloa apuntaba jocosamente «ya tengo carisma» tuve ocasión de participar en el congreso, junto a media docena escasa de periodistas parlamentarios de un distendido encuentro con Jordi Solé Tura –venía a pasar por una especie de amigable despedida– en el que el ex ministro de cultura, diputado y sobre todo padre de la constitución nos hizo un visionario repaso de la España que teníamos y de la que venía. El veterano político no dudó en señalarnos, en un sinóptico análisis de la salud constitucional –y aunque no había debate como hoy sobre el tema– que sí había un artículo susceptible a futuro de poner en cuestión el consenso en torno a la «ley de leyes», ese era el 155 y no tanto por su intachable razón de ser como escalera de incendios ante posibles desmanes en la gestión política de una autonomía, como por un concepto territorial del estado que comenzaba a imponerse en el «PSC» donde Solé Tura había aterrizado procedente del «PSUC» y que inevitablemente acabaría por condicionar la relación con la nave nodriza nacional.

Viene a colación aquella muy puntual pero premonitoria reflexión de un político de los que ahora escasean, porque del artículo 155 de la constitución se va a hablar probablemente mucho en las próximas semanas, pero sobre todo porque ya se está hablando, curiosa e indicativamente no desde el gobierno del partido popular, sino desde las filas del propio partido socialista. Casi en una «excusatio non petita» que viene a evidenciar la «acusatio manifiesta» de la jerigonza creciente en el seno del nuevo PSOE de Sánchez a propósito de la política territorial, máxime tras la inquietante «plurinacionalidad» certificada en el reciente congreso federal y la consiguiente propuesta de reforma constitucional.

Que Sánchez acertase de pleno llamando a Rajoy para apuntalar el apoyo al gobierno frente al desafío del referéndum ilegal en Cataluña es tan cierto como las dudas sobre la firmeza de ese apoyo a propósito del como y el cuando. Y que pocos días después de que Alfonso Guerra reclamase en un artículo la necesidad de aplicar el controvertido 155 haya salido la dirigente de los socialistas catalanes Nuria Parlon con el innecesario aviso de que el PSOE apelará –no apunta claro está ni cómo ni ante quiénes– a la comunidad internacional si el gobierno activa algo tan elemental como aplicar la constitución, cuando menos obliga a Sánchez a una más clara definición, salvo que debamos pensar que Parlon habla en realidad por boca de su líder, tan deudor del apoyo del «PSC» a su candidatura en las primarias como obstinado en no rozar la mano de Rajoy ni cruzándose en el ascensor. La que se avecina no es menor. O se está con la ley que nos dieron Solé Tura y otros, o se está con el combinado cóctel de ignorancia y estupidez de Lluis Llach. Momento de retratarse.

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