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Con «C» de «curación»

Tiempo de lectura 2 min.

18 de octubre de 2016. 23:21h

Comentada
Rosetta Forner 18/10/2016

Según muchos psicoanalistas, el cáncer tiene un factor psicosomático: hay todo un mundo emocional no resuelto detrás del mismo. El doctor Hamer concluyó que a un cáncer le precede un gran disgusto, por ejemplo, la muerte de un ser querido de forma violenta. Colaboro con la revista ROSE (www.revistarose.es). Al ser lo mío las emociones, las creencias («beliefs») y los anclajes que hay detrás de una dolencia –soy coach experta en PNL–, dónde se desarrolle el cáncer es en sí mismo una metáfora explicativa de la «causa emocional»: «¿Qué ideas (creencias) tiene una mujer sobre su feminidad? ¿Cómo se relaciona consigo misma: se ama, se respeta, se nutre? O, por el contrario, ¿se ningunea, se odia, se desprecia? ¿Qué representan los pechos para ella?». Cada parte de nuestro cuerpo es depositaria de «desastres», «triunfos», heridas emocionales... ¿Por qué «archivamos» ahí ciertos asuntos vitales? La enfermedad no es castigo, sino oportunidad para sanar aquello que en nosotros está descuidado. Los senos están relacionados con la función materna: si la mujer tiene conflictos con su rol de «nutridora», con el arquetipo de madre o con su propia madre, o se ha erigido en la «nutridora» principal y rescatadora del grupo familiar, puede que acabe trasladando su conflicto a los senos para darse la oportunidad de resolverlo. La sanación psicoemocional y la espiritual no son incompatibles con el tratamiento médico, a la inversa tampoco debería serlo. Las mujeres que han sobrevivido al cáncer optaron por aprender a amarse y sanar su vida interior apuntándose al «Soy lo mejor que me ha pasado». El cáncer no mata. El amor sana.

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