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El Tiempo

Concordia, justicia y amor

Tiempo de lectura 2 min.

17 de septiembre de 2017. 21:53h

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Hace exactamente una semana Francisco regresaba a Roma de una extenuante visita de cuatro días a Colombia. Un tropezón en el papamóvil le produjo una pequeña grieta en la ceja izquierda y un moratón en su pómulo que se convirtieron para algunos medios en la «noticia» de este viaje. Este desenfoque informativo ha hecho pasar a segundo plano la importancia de cuanto dijo e hizo Francisco durante su estancia en el país latinoamericano. Es sabido que Jorge Mario Bergoglio se ha propuesto contribuir en cuanto le sea posible a la paz en el mundo. Lo hizo propiciando el acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos, desminando las tensiones étnico- religiosas en la República Centroafricana, exhortando a la superación del conflicto israelo-palestino, buscando soluciones negociables en Venezuela.

Colombia ha dejado atrás cincuenta y pico años de una no tan larvada guerra civil que arroja cifras escalofriantes: 250.000 entre muertos y desaparecidos y algo así como ocho millones de personas obligadas a abandonar sus casas y todos su bienes. Hace un año, después de largas y difíciles negociaciones, el gobierno de Bogotá firmó un acuerdo de paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y hace apenas dos semanas un alto el fuego con el ELN (Ejército de Liberación Nacional). Son dos pasos muy importantes, pero el Papa sabe que esos pactos servirán de poco o de nada si no se produce una transformación profunda en el pueblo colombiano. Por eso ha ido a predicar la paz y la reconciliación a una nación todavía dominada por los odios, los deseos de venganza, la desconfianza mutua. Y lo ha hecho sin dejarse encerrar en ninguna emboscada política y huyendo de toda manipulación partidista.

Francisco se ha dirigido primordialmente al pueblo –a esos millones de colombianos que le han seguido y aclamado sin cesar– pidiéndole que se deje reconciliar, que abra «un día sin ocaso de concordia, justicia, fraternidad y amor, en el respeto del derecho nacional e internacional para que la paz sea duradera».El tiempo dirá si ha sido escuchado.

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