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Cuando llegue octubre

Tiempo de lectura 2 min.

05 de septiembre de 2017. 21:47h

Comentada
César Vidal 5/9/2017

En los relatos de la trágica crisis venezolana echo a faltar la mención de dos aspectos que resultan esenciales para analizarla cabalmente. El primero es el pacto concertado hace un trienio por Obama y el rey de Arabia Saudí para mantener artificialmente bajo el precio del petróleo. Semejante decisión hubiera significado un vendaval insoportable incluso para una nación con gobernantes sabios y honrados. Dado que más del noventa por ciento de las exportaciones venezolanas giraban en torno al crudo, que los chavistas son corruptos hasta la médula y que su incompetencia económica es proverbial, implicó un golpe fatal aprovechado, siquiera en parte, por la oposición. El segundo aspecto es que, en octubre, Maduro se enfrenta con un vencimiento de deuda que puede concluir con una suspensión de pagos nacional. Es cierto que hace unos meses Goldman Sachs acudió en ayuda del régimen chavista comprando un trozo de deuda descomunal. Sin embargo, no parece que semejante balón de oxígeno se pueda repetir y sobre todo que lo haga en las proporciones necesitadas por los chavistas. Si a eso se añaden las medidas adoptadas por Donald Trump para limitar el comercio con Venezuela, hay que llegar a la conclusión de que pinta en bastos para el régimen chavista. ¿Qué va a suceder entonces? Si Maduro no logra renegociar la deuda –y sería un milagro conseguirlo– su permanencia en el poder se quedaría limitada a algo más de un trimestre a partir de la quiebra soberana. Todo ello, por supuesto, con la condición de que la oposición consiga unirse de una vez y alcance algún tipo de plan conjunto que vaya más allá de desplazar a Maduro de la presidencia, algo que, dicho sea de paso, no ha logrado hasta la fecha. Seguramente, el inefable ZP seguirá enredando para salvar al chavismo porque se siente cercano e igualmente porque se siente importante. Quizá también porque, como la ex fiscal general del estado de Venezuela ya ha dejado caer, existirían pruebas, que obrarían en su poder, de grave colusión entre el gobierno de ZP y el de Hugo Chávez. Pero la capacidad de ZP, como todos saben, es más que limitada en el plano internacional aunque en el nacional aún sigan los españoles sufriendo los pavorosos efectos de su gobierno. De manera que, cierto, la oposición venezolana deja que desear, pero ya veremos lo que pasa cuando llegue octubre.

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