miércoles, 26 julio 2017
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Columnistas

Cuestión de legislación

En torno a la maternidad subrogada se ha generado un debate que no deja indiferente a nadie. El asunto invita a la reflexión. Sobre muchas cosas. La primera sobre cuántos niños hay en el mundo desprotegidos y en peligro de muerte y por cuántos se paga lo que sea con tal de que formen parte de la familia. Y no me refiero solo a este método, sino a todas las opciones posibles. Hay quien se somete a años de tratamiento de fecundaciones in vitro, quien paga millonadas para que se las practiquen antes en una clínica privada, quien recurre a las adopciones y tras infinitos procesos de selección acaba gastando mucho más de lo que imaginó entre papeleos y desplazamientos... Mi percepción es que, salvo en la concepción natural –que también– , en el resto, de una u otra forma, se mueven los dineros. Y también que no se pueden poner puertas al campo, es decir, que si esta oportunidad existe se utilizará. Por eso hay que conseguir es que se haga de manera ética. Eso implica contratos de responsabilidad que impidan devolver niños si no están «fabricados» a la medida (debería establecerse también en las adopciones), y madres gestantes que tengan una posición digna que no les obligue a ceder su cuerpo a cambio de un dinero que necesiten para vivir, sino de una compensación económica por ese embarazo para otros que conlleva molestias y riesgos. Todo esto puede generar tráfico de niños o incluso de mujeres a las que utilizar como vasijas, sí; pero eso es lo que hay que evitar con una legislación responsable. ¿O acaso no se robaron muchos niños en otros tiempos por no tenerla?

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