martes, 25 julio 2017
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Columnistas

De jacobinos y calculadoras

La ciencia contemporánea nace a raíz de la aplicación de números y cuentas con las que cuantificar la realidad observada. Fue ésa la contribución a la historia de la química de Antoine Lavoisier, el padre de la disciplina tal como hoy es conocida. La obra del investigador, ejecutado en la guillotina durante los años jacobinos de la Revolución Francesa, sirvió para extinguir las creencias de la vieja ciencia, la de la aspiración alquímica de transformar el hierro en oro y la de los bostezos amodorrados del flogisto. Aquel aburrimiento de siglos de superstición dio paso al actual éxtasis de estadísticas, de rendición de cuentas y numerología exagerada. En estas materias son expertos los gobernantes llamados a sí mismos de izquierdas, rehogados por tantas décadas de fe y superchería. Llegado a la poltrona, al regidor de moda entre la zurdera le da por aplicar sus cuentas y sus mediciones a su realidad: la ley para quien tenga que cumplirla. Y observarla. De las 37,5 horas semanales establecidas en la norma vigente para los empleados públicos, el alcalde de Bollullos de la Mitación cuenta 35; allá ellas, la calculadora frente a la realidad y la legislación ante los deberes de los poderes del Estado de observarla. Lo sustancial para estos activistas de salón consistorial es seguir contabilizando provocaciones, incluidos los incumplimientos de la Ley. Sucedió recientemente con las banderas preconstitucionales en Cádiz o en Puerto Real, insignias fuera de aritméticas razonables si no es por la provocación, el petardito de la anhelada revolución. En la de la Francia burguesa, los jacobinos guillotinaron a Lavoisier por haber sido recaudador de impuestos de los borbones, no por las matemáticas. Los jacobinos de hoy sí estarían dispuestos a ejecutar las calculadoras.

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