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Derrota al pesImismo

Tiempo de lectura 2 min.

05 de octubre de 2015. 00:41h

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Era el primer discurso de Felipe VI como Jefe de Estado ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Una estupenda ocasión para destacar la decidida vocación universal de España. Pero no sólo eso. Tras intervenir ante los mandamás del mundo mundial, la Prensa internacional ponía el acento en la palabra inteligente y comprometida de Don Felipe. En su mensaje claro y anticipativo, volcado a los cinco continentes. En EE UU, donde todo cambia tan sutilmente, cae bien el talante constructivo y sosegado de nuestro joven Monarca. Un Rey que huye de la impostura. Que se moja a la hora de defender que mujeres y hombres puedan desarrollar sus capacidades en plenitud, sin discriminación alguna. Obsesionado por crear riqueza de manera sostenible; por devolver a la naturaleza lo que es suyo. No entra otra cosa en sus esquemas. Don Felipe es el antídoto al desánimo, a cualquier fatalismo. Cada vez que abre la boca derrota al pesimismo: «Estamos aquí para comprometernos a transformar el mundo; a librarlo de la pobreza extrema y del hambre que todavía hoy afligen a una buena parte de la Humanidad». El Rey es listo. Mientras vea las cosas tal y como son, le irá bien. Acertó al insistir en Nueva York en que el desarrollo no es, no ha sido, ni va a ser nunca un proceso uniforme, ni está asegurado. La verdad es que cada vez sorprende menos el alto refrendo popular conseguido por Don Felipe. Con él, España pesa más en el mundo. Pero en un país como el nuestro, gustoso de tirar piedras contra su propio tejado, es bueno recordar estas realidades de vez en cuando. Y la influencia de la Reina a la hora de exponer su opinión, argumentos o hacer advertencias. Porque Doña Letizia trabaja mucho más en equipo con su marido de lo que parece. Ahí estaba ese día, junto a él. Los dos transmitiendo esa calma que tanta falta nos hace.

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