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Desnudos

Tiempo de lectura 2 min.

07 de septiembre de 2017. 21:51h

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Se llama Glen Donnelly. Es un violinista australiano que hace unos días saltó en paracaídas totalmente desnudo. Y en la caída, tocó el violín. Dicen las crónicas que lo hizo porque en su adolescencia pasó por algunos episodios sobre su alimentación y quería dedicar la hazaña porque el mundo se conciencie sobre la bulimia. Con permiso, me parece una gilipollez. No porque me parezca una tontería la bulimia (ojo, que yo rocé la anorexia, por eso sé de qué hablo) sino porque todas estas ideas solidarias modernas no sirven nada más que para darle un sitio al que las protagoniza y no al que las sufre. Miren, yo he sido casi siempre gordita, ordinaria, con mal pelo y con prognatismo. ¿Fue ese el motivo para dejar de comer, de odiarme a mí misma, de querer dejar de ser lo que era, de darme asco frente al espejo? No, la verdad es que no. Los motivos eran otros, así que le auguro poca suerte en esta empresa, o sea, no creo que ninguna niña o niño bulímico deje de meterse los dedos para vomitar porque un violinista haya saltado en paracaídas desnudo por mucho que él lo haya pasado mal en el mismo sentido. Glen, hijo, no todos los fines justifican los medios. Irina, la ex de Cristiano Ronaldo, se desnudó por el medio ambiente. Imagino que el medio ambiente lo habrá notado muchísimo, a las pruebas me remito. ¿Medio ambiente en general, en particular, contra el deshiele de los Polos? Blanca Suárez se ha puesto en pelotas en una revista para denunciar el culto al cuerpo perfecto. Hombre, la que debería haberse desnudado para denunciar el culto al cuerpo perfecto debería haber sido yo, no ella, que está buenísima. Así que me parece que todas estas iniciativas para tratar de frenar enfermedades, patologías, síndromes, no tienen ni media bola, no van a conseguir nada. Porque los que alguna vez hemos sufrido una de esas circunstancias sabemos de sobra que la génesis del problema, el inicio de lo que nos ocurre o nos pasó, no era una moda, ni una imagen, ni un capricho. Nuestras razones no eran las que todo el mundo podía ver, sino las íntimas. Y luego todo pasa. O casi todo pasa. Y ahora me sobran siete kilos y no me los pienso quitar.

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