Alfonso Ussía

«Diésel»

La Razón
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La foto es nítida. Un grupo de musulmanes sacrifica mediante el arte del degüello a unos cabritos a plena luz y en una pequeña plaza de Melilla. Una inmensa y espesa mancha de sangre sobre la calzada de asfalto. Un matadero urbano. Esperaba la reacción inmediata de PACMA, el partido animalista, y oír la voz entrecortada de alguno de sus dirigentes. Pero no. Sucede lo mismo que con las feministas militantes o feminazis cuando una mujer es brutalmente lapidada por el Islam por haber mantenido relaciones con un hombre fuera del matrimonio. Que se callan. Sucede lo mismo que con las asociaciones de homosexuales en España cuando cuelgan de sogas en lo alto de las grúas decenas de hombres condenados a la horca por el Islam por su condición de homosexuales. Que se callan. Los cabritos degollados en la calle de Melilla no son dignos de recibir el amor de PACMA porque antes de criticar una costumbre musulmana son capaces de cualquier cosa. Un americano paga una fortuna por matar un león en África, que por otra parte había cumplido su ciclo vital y cuyo abatimiento proporcionaba una considerable cantidad de dinero a los poblados cercanos al lugar de la cacería, y los de PACMA se encocoran y piden la cadena perpetua para el cazador.

Hace unos meses, PACMA organizó una concentración –que salió bastante chunga, por cierto–, para conmemorar entre llantos el primer año del fallecimiento de «Excalibur», el perro de los señores de Limón que fue sacrificado como medida preventiva por si era portador del virus del ébola. Una triste y dura decisión que adoptaron las autoridades políticas con la aprobación y recomendación de las sanitarias en prevención de un probable contagio. Ardió Troya. El entonces Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, fue llamado «asesino», y el señor Limón anunció querellas a mansalva, que posteriormente se diluyeron en el olvido. Pero los de PACMA se mostraron indignados. De haber decidido la muerte de «Excalibur» el Imán de la Mezquita de la M-30, los de PACMA hubieran aceptado la medida preventiva sin problema alguno. Es la política. El elefante de Botswana, el león «Cecil» que no se llamaba «Cecil», y el oso de Rusia. A los cabritos degollados que les den. Los toros de lidia, que son unos maravillosos animales de laboratorio y pasan su vida rodeados de cuidados en las dehesas son cómplices y víctimas de la «barbarie» taurina. Los toros embolados y con los pitones incendiados de Cataluña, apenas interesan. Y en París, ha muerto «Diésel».

«Diésel» ha muerto tiroteada por unos terroristas acorralados por la Gendarmería que previamente habían asesinado a 130 personas. «Diésel» entró en el piso de los terroristas, cayo abatida por los disparos de éstos y gracias a su sacrificio los delincuentes fueron capturados. Una perra «heroína», adiestrada para ello y que cumplió con su deber. Pero así como lo que sucede en Afríca y Rusia enardece y hiere los sentimientos de los de PACMA, lo que transcurre en Francia, que está más cerca, apenas les importa. Si «Diésel» hubiese sido la perra de un yihadista abatido por la policía francesa, ya estaría en las orlas del heroísmo canino. Pero no. Era una perra policía, de las buenas, y los buenos son los malos y los malos son los buenos para muchas mentalidades descentradas, o simplemente, desasistidas de la capacidad de reflexionar.

No sé, al menos una nota, un recuerdo, un elogio aunque no sea sentido ni sincero. Para vestir la mona, para camuflar la exclusiva orientación política de ese partido PACMA, que adora a «Excalibur» y recela de la magnífica «Diésel».