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04 de septiembre de 2017. 22:58h

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Alfonso Rojo 4/9/2017

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Hay un viejo refrán español, ya en desuso, según el cual «en la vida hay que elegir entre el parné y la Marcha de Infantes». En otras palabras: hay que escoger dinero o gloria. Tengo la impresión de que, al igual que nuestros opulentos vecinos europeos, los españoles hace tiempo que optamos en masa por la pasta. Para nuestra desgracia, porque estamos a 27 días de la fecha marcada por los independentistas catalanes para ejecutar su golpe de Estado y el «ande yo caliente» suele producir resultados catastróficos en momentos cruciales como este. Cierto que la proclividad al apaño podría jugar a favor de los que apostamos por la unidad de España, incluyendo ahí por lo menos a la mitad de los ciudadanos empadronados en Cataluña, pero para eso haría falta que desde el Gobierno de la Nación se hubiera hecho llegar a los que apuestan por romperla la lista detallada de multas e inhabilitaciones que caerán ipso facto sobre ellos.

El tiempo apremia y el margen para jugar con la incertidumbre se agota. Este miércoles se reúne el pleno del Parlamento de Cataluña y la mayoría separatista ya ha anunciado que aprobará de forma fulminante su ilegal ley del referéndum.

Puede que se vuelvan a cagar y prefieran de momento retrasar unos días la jugada, pero no ocultan sus planes para proclamar la «República Catalana». Alardean de ello hasta en RTVE.

Lo que ignoro e imagino que también ustedes es el guión de Rajoy. Les confieso que tengo mucha más fe en el presidente que en su partido y creo que es una suerte tener al mando a un tipo cerebral, listo y controlado como él, pero el tiempo de las cautelas para no victimizar a los nacionalistas y del consenso vacío con el PSOE ha pasado.

Ya no es momento de preocuparse por los costes políticos de mostrar firmeza frente al separatismo o de obsesionarse con lo que dirán los siempre acomodaticios tertulianos, porque el reto es la supervivencia de España como tal.

Mariano, hazme caso y comunica a esos facinerosos que les vas a sacudir donde más les duele: en la cartera.

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