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El apunte de Francisco Marhuenda: La huelguita de los «indepe»

Tiempo de lectura 2 min.

09 de noviembre de 2017. 10:59h

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Francisco Marhuenda 8/11/2017

No podemos elevarla de categoría. No fue una huelga, sino una huelguita. No consiguieron paralizar Cataluña, aunque es verdad que se comportaron como auténticos energúmenos. No me extraña teniendo en cuenta que el líder del sindicato convocante es Carles Sastre, el asesino de José María Bultó, que fue amnistiado en 1977. En cualquier país de nuestro entorno sería un apestado. Un ser indeseable que recibiría un desprecio generalizado, pero se ha reinventado como líder sindical. Es una broma de mal gusto. Por tanto, lo único que produjo la huelguita fueron imágenes lamentables, cortes de carreteras y ferrocarriles y lo peor de todo fue la imagen de padres utilizando a sus hijos menores de edad. La actividad económica y ciudadana en Cataluña transcurrió con absoluta normalidad, salvo en los lugares donde actuaron los violentos. Los piquetes impidieron la circulación en las vías públicas y provocaron atascos en las entradas de Barcelona. Los independentistas utilizaron menores para llevar pancartas y entorpecer el trabajo de los Mossos. A pesar de ello, el seguimiento fue muy escaso y la huelguita de la señorita Pepis fue un reflejo del desinterés que provoca este tipo de actuaciones sectarias, fanáticas y partidistas.

Hablando de sectarismo, es difícil superar a los medios de comunicación públicos catalanes. Han alcanzado un nivel similar a la España de Franco o la URSS de Stalin. Es el paraíso del pensamiento único y su técnica periodística es la manipulación más burda y zafia. Lo peor es que no les da vergüenza. Es cierto que hay periodistas decentes, sean o no independentistas, pero lo que se puede ver o escuchar es, simplemente, un insulto a la inteligencia. El adoctrinamiento político, la propaganda y el sectarismo es la marca de la casa. No me extraña conociendo a su director, el valenciano Vicent Sanchís, que es un fiel escudero del independentismo. No muerde a la mano que le dio de comer desde que llegó a Cataluña y hay que reconocer su coherencia. Le importa un pepino el ordenamiento constitucional y estatutario, la legalidad y el pluralismo. Le encargaron un trabajo y lo hace con la eficacia propia de un burócrata de la antigua Unión Soviética. Le tenía en más alta estima, aunque discrepáramos políticamente, y creía que era una periodista, pero se ha convertido en un político fanático y sectario. Lo siento por él.

No deja de sorprenderme el desahogo de los independentistas a la hora de vulnerar las leyes e imponer sus posiciones sectarias. Lo estamos viendo en las últimas semanas, aunque ha sido algo habitual desde hace demasiado tiempo. Hay una doble vara de medir y, sobre todo, una enorme cobardía e indignidad en su comportamiento. Ni siquiera han sido capaces de mantener el desafío con la cabeza bien alta. Me parece tan penoso que si fuera independentista sentiría vergüenza ajena y no les votaría.

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