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El corrupto Helmut Kohl

Tiempo de lectura 2 min.

18 de junio de 2017. 23:56h

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Martín Prieto 18/6/2017

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El fallecimiento de Helmut Kohl pasa como brisa efímera en tiempos de postverdad, inmediatez analfabeta de la comunicación y pérdida de la memoria a corto. Con el rigorismo moral de lo más inmoral de la izquierda española, Kohl, pese a sus muchos y arriesgados aciertos, habría muerto en Soto del Real. Nunca rebañó un marco para sí, pero sí se demostró que recibió dinero negro en pequeñas cantidades (no muchas de 50.000 euros) de un comisionista de una petrolera francesa y de un traficante de armas que amañó 36 carros de combate para Arabia Saudí. Los fondos fueron destinados a la construcción de la CDU en la Alemania oriental unificada. También es cierto que Kohl mintió durante meses y el escándalo había de arrasarle. Su «chica», su delfín (¿o habremos de escribir «delfina»?), Angela Merkel le apuntilló con un artículo implacable que aceleró la inevitable ejecución política de este remedo de Bismarck. Se le exoneró la cárcel con cien mil euros de multa. Al menos su error sirvió para desvelar a su «tapada», la hoy mujer más influyente del mundo, y para legislar otra ley de financiación política que impide al Estado dar a cada partido más dinero del que aportan las cuotas de sus militantes, haciendo públicas y limitadas las demás donaciones. En 1968, despreciado, Kohl encontró su segunda muerte descerebrándose en una caída doméstica que le dejó afásico y con graves problemas locomotores. Sus casi dos metros y 150 kilos le permitieron una larga sobrevida hasta su óbito. La unificación alemana no la quería ni la preveía nadie, Israel y Polonia se horrorizaron, la señora Thatcher llegó a la iracundia, Mitterand se oponía, y ni Reagan ni Gorbachov preveían un desinfle tan estrepitoso del globo soviético. Kohl renunció al marco, facilitando el euro, cambió a la par los marcos orientales por los occidentales, gastó ingentes sumas para reflotar la RDA, persiguió al criminal Honecker, y patrocinó una Constitución europea, la unión política y fiscal y una Alemania integrada en una Europa fortalecida. Presumía de una bonhomía desaliñada aunque era doctor en Historia y Política. Católico y conservador nunca fue sectario con las personas y sí amigo personal de Felipe González. Como Juan Negrín, gran fisiólogo europeo, vomitaba para cenar tres o cuatro veces. Cambió Alemania, Europa y el Mundo. ¿Esculpimos corrupto en su lápida?

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