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En un segundo

Tiempo de lectura 2 min.

18 de enero de 2017. 21:47h

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Irene Villa 18/1/2017

Con gran bochorno, pero sobre todo con mucho dolor, por el gran sufrimiento absurdo y gratuito que provoca siempre la violencia, hemos tenido que ver las terribles imágenes de la ira desatada en un partido de fútbol juvenil por dos padres de jugadores de equipos enfrentados. No sé si han visto la película hispano-argentina «Relatos salvajes», pero en ella vemos cómo sus personajes son vulnerables ante una realidad que súbitamente se altera y, en un segundo, se vuelve impredecible, incontrolable y temible. Los protagonistas, lejos de controlarse emocionalmente y manejar la situación como un ciudadano correcto, bien educado y sereno haría en su lugar, se entregan al peligroso rol de dejarse llevar por las emociones más primitivas y se permiten perder el control. Entonces ocurre lo más descabellado y terrorífico que podría pasar, con fatales e insalvables consecuencias, algunas incluso con la muerte como trágico final. Pues volviendo al caso que ha impactado a todo el país, esa falta de control por ambos individuos, además de salirles muy caro físicamente, y seguro que también judicialmente, ha supuesto un nefasto ejemplo para sus hijos, quienes probablemente quedarán marcados por mucho tiempo. «Fueron unos segundos fuera de control que debo asumir como un hombre y en los que me hago responsable de todo», confiesa quien propinó golpes sin cesar hasta casi hacer perder un ojo a quien empieza la pelea. Y es que ni la rabia ni el enfado son buenos consejeros porque: «Habla cuando estés enojado y harás el mejor discurso que tengas que lamentar». El control emocional nos convierte en dueños de nosotros mismos y a nadie hemos de darle tanto poder como para que consiga hacernos enloquecer en un segundo. Lo más triste es que éste no es un caso aislado, es probable que, como afirman, no fuera una pelea motivada por el fútbol o una decisión del árbitro, pero sí son muchos los padres que van a ver cómo sus hijos se disputan deportivamente un partido y acaban peleándose y perdiendo los papeles, en un segundo.

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