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Entre lealtad y valentía

Tiempo de lectura 4 min.

20 de junio de 2017. 01:35h

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Una mujer leal a sus ideas y a las personas que le dan confianza. Con coraje y valiente para aceptar retos difíciles. Son los principios que siempre han marcado la vida profesional de Margarita Robles Fernández, una jurista de prestigio que ha sido avanzada en todo, y que ahora lo vuelve a demostrar, desde que en la tarde del pasado domingo recibió el encargo de Pedro Sánchez. «En la vida te puedes arrepentir de lo que has hecho, pero nunca de lo que has dejado de hacer». Con esta reflexión, en las últimas elecciones, la magistrada le dio el sí al Secretario General del PSOE para ser su número dos por Madrid.

Dejaba un codiciado puesto en el Tribunal Supremo y desde entonces, a pesar de la travesía del desierto, nunca le negó su apoyo, trabajó en el Congreso con honestidad y presidió la Comisión de Justicia. «Ni pido, ni quiero nada», le había dicho a Pedro en aquel momento. Pero en la trayectoria de Margarita las ofertas se le han puesto delante, han aflorado como una sorpresiva cabriola del destino.

Es honesta, sin pelos en la lengua, a veces algo osada, y comprometida con sus ideas de justicia social. Un perfil clave en la Judicatura española, pese a que estuvo tentada de estudiar Medicina: «Era mi segunda vocación, yo tenía algo de misionera y deseaba hacer algo por los demás. Al final escogí la Justicia porque es el único trabajo dónde no cabe la calma». El sosiego no es lo suyo. Margarita ha sido pionera en todo. La primera de la clase, en el colegio de las Teresianas de León, como una niña inteligente, aplicada y responsable. La juez número uno de su promoción y primera presidenta de la Audiencia Provincial de Barcelona. La que imprimió carácter en la Secretaría de Estado de Interior cuando la llamó Juan Alberto Belloch. La que nunca se calló en el Consejo General del Poder Judicial y la que engrosó la privilegiada lista de mujeres en el Tribunal Supremo. Una carrera meteórica, una sólida biografía y una actitud impecable, no exenta de detractores, a los que siempre desdeñó con dignidad.

Hija de un abogado leonés que se trasladó a Barcelona cuando ella tenía doce años, admite ser una mujer disciplinada, responsable y muy directa. Batutó con mano de hierro la tempestad de los GAL, fondos reservados y demás horrores poniendo en su sitio a muchos altos cargos que entraban en su despacho con chulería y salían trasquilados: «El poder no sirve de nada si no haces algo por los demás. Lo peor de la política es alejarte de la realidad y yo procuro no hacerlo». El nuevo fichaje de Sánchez para la portavocía parlamentaria nunca ha buscado los puestos, siempre le han venido dados. Con tal bagaje, le ha vuelto a decir ahora sí a Pedro Sánchez para un cargo complicado en la Legislatura más difícil desde la Transición. La única en que el líder del primer partido de la oposición no es ni siquiera diputado, lo que doblega la carga y el mérito de Robles. «Si la vida te pone cosas por delante es por algo», asegura con una afirmación un tanto bíblica.

Sabedora del reto que la espera, Margarita ha dado este paso desde la fidelidad y en conciencia. Nadie en el grupo socialista, ni entre los adversarios, pueden discutir su formación y currículum, aunque está preparada para lo que venga.

Es un momento complejo, en una Legislatura bronca, precaria y pactista. Es la apuesta firme de un Pedro Sánchez ausente del Parlamento y una nueva jueza independiente en la dirección del grupo socialista, tras la secretaría general que ejerció María Teresa Fernández de la Vega, y la portavocía de José Antonio Alonso. La magistrada mantiene relaciones estupendas con los medios de comunicación y afronta el cargo con su figura menuda, voz de felina sabia, paso firme y la tranquilidad de un patrimonio decente e inapelable. No pasará desapercibida.

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