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Eximio extranjero

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18 de mayo de 2017. 22:30h

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Después de dejar en la calle a más de cincuenta venezolanos muertos, de herir a centenares, de encarcelar a otros tantos y de arruinar más aún, mientras sigue robando, a una nación en quiebra, Maduro ha decretado el estado de excepción, o lo que es igual, la tenencia y abuso de todos los poderes. Es lo que tienen los mandatarios cultos. Siempre encuentran una justificación para apoderarse de la libertad de los demás. No encontraba la excusa, y alguien de Podemos se la ha brindado a cambio de nada. Para Maduro, la culpa de lo que sucede en Venezuela la tienen los extranjeros. Y algo de razón puede tener, porque muchos de los que disparan contra los demócratas venezolanos son criminales cubanos enviados por Raúl Castro. Pero no son esos los extranjeros que preocupan al dictador comunista. Son otros. Concepto muy arbitrario el de extranjero. En mis tiempos juveniles, cuando escribía versos en «Sábado Gráfico», firmé un poema en honor y loor a Telesforo Monzón. Monzón era el gran jefe del nacionalismo vasco en el exilio. Previamente, en los años veinte, había pugnado con otro familiar de mejor derecho por la concesión de un título nobiliario. Perdió el pleito, y pasó de aspirante a conde a nacionalista furibundo. Era grande e impetuoso. Lo ví físicamente una tarde en un bar de Urrugne, con otros de su gaita. Y un buen día se reconoció «extranjero». Se puede ser francés, inglés, alemán, español o portugués, pero no existe la nacionalidad extranjera. Y le escribí el poema de marras, que causó enfado y tirria en los sentimientos nacionalistas. Terminaba de esta guisa: «Tenga algo más de decoro,/ y medite el altanero./ ¿Cómo va a ser extranjero/ llamándose Telesforo?».

Algo parecido le sucede a Maduro. No domina la condición de extranjería, y habría de hacerlo, por cuanto nació en Colombia. El primer extranjero de Venezuela es el dictador, colombiano él, como Shakira. Pero ni por esas. Y ha pedido a Podemos que le aclare la confusión. Maduro desea responsabilizar de sus crímenes a los extranjeros, siempre que no sean ni él ni los cubanos. Y con la ayuda de Podemos y sus profesores universitarios ha encontrado la frase perfecta para su denuncia: «Los extranjeros que nos atacan son de otro país». Al menos, ya sabe que un extranjero en Venezuela es todo aquel que llega procedente de otro país. Pero acusar a todos los extranjeros de ser los culpables de sus crímenes, sus detenciones, los heridos, la ruina de Venezuela, y los millones del narcotráfico, es poco convincente. Los extranjeros de otro país son muchísimos, entre ellos los etarras españoles que cobija y los asesores podemitas a los que paga. No yerra en la culta definición. «Los extranjeros que nos atacan son de otro país». Pero no acierta. Los muertos son venezolanos, los presos son venezolanos, los que tienen hambre son venezolanos, los heridos son venezolanos, los que desean la libertad y mueren por ella son venezolanos. Y también, exceptuando a los sicarios de Cuba, los policías bolivarianos son venezolanos, los carceleros son venezolanos, los que matan a los venezolanos son venezolanos, los que roban a los venezolanos son venezolanos bolivarianos, los generales del narcotráfico son venezolanos, los jueces comprados son venezolanos, y los que se enriquecen con el dinero que roban a venezuela son venezolanos, exceptuando a unos cuantos españoles que se mueven por ahí. Se trata de un conflicto entre los venezolanos partidarios de la tiranía comunista y los venezolanos que defienden la libertad, los derechos humanos y la democracia para su país.

Es el problema de los mandatarios excesivamente cultos. Que son tantas y tan variadas sus sapiencias que se cruzan, enredan y enturbian las claridades. También los colombianos son extranjeros en Venezuela, pero ese detalle no lo ha asimilado todavía el eximio sinvergüenza.

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