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La actualización del marxismo

Tiempo de lectura 2 min.

19 de octubre de 2014. 01:08h

Comentada
Francisco Marhuenda 19/10/2014

La irrupción de Podemos y su líder, Pablo Iglesias, fue la gran sorpresa de las europeas. La desorientación de la izquierda tradicional y los problemas de liderazgo en el PSOE e IU, así como la dureza de la crisis, que obligó a que se adoptaran profundas reformas e importantes recortes, favorecieron el resultado de este movimiento. Nadie imaginó –ni el propio equipo de Podemos– que conseguirían cinco eurodiputados y que las diferentes encuestas le otorgarían una tercera posición en el fraccionado panorama electoral. Hay quien augura, incluso, que podrían ser la segunda. La proyección de Iglesias ante la opinión pública, utilizando un discurso tan simple como directo, ha sido determinante en el auge de este movimiento. Estamos ante un hiperliderazgo con un claro tinte caudillista y mesiánico que despierta adhesiones inquebrantables pero también una profunda animadversión entre sus adversarios. A esto hay que añadir la inquietud ante sus propuestas sociales y económicas, que nos retrotraen a los viejos planteamientos de un marxismo que se ha reciclado con la globalización pero que olvida que España es, a pesar de la crisis, una de las naciones más desarrolladas del mundo y con una clase media que es la mayoría de la población. Es cierto que ese discurso de igualar por debajo, el intervencionismo económico y la lucha de clases, con especial dedicación al ataque a lo que denominan las castas políticas y económicas, es muy efectivo. Los problemas para Podemos se resuelven con atacar a los ricos, algo que suena siempre bien, y a los políticos, que actualmente son muy impopulares. Las medidas de un programa que no existe son inconsistentes, pero no por ello hay que minimizar su efectividad electoral. La tentación autárquica y la plantificación económica es algo muy común en la izquierda radical. Durante décadas se ensayó en los países comunistas controlados por la URSS, que constituyeron, incluso, un mercado común, el Comecon, que fue un fracaso espectacular. La que tenía que ser una alternativa a la economía capitalista demostró ser una enorme chapuza y una muestra de la profunda ignorancia de la izquierda en materia económica. Podemos tiene muchos problemas en el terreno organizativo como partido: los riesgos de un liderazgo tan fuerte y mediático como es el de Pablo Iglesias, unas medidas económicas inaplicables si se quiere garantizar la credibilidad de España y el Estado del Bienestar y un planteamiento socio-político que nos retrotrae a hace varias décadas. Es cierto que los errores y los escándalos de la «casta», término que utilizamos habitualmente los historiadores a la hora de analizar las sociedades antiguas, le favorecen.

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