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La estabilidad de Rajoy

Tiempo de lectura 2 min.

26 de octubre de 2016. 01:11h

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Antonio Martín Beaumont 26/10/2016

Esta vez parece que sí. Como suele decirse, a la tercera será la vencida. Atrás va a quedar la desesperante experiencia de casi un año con el poder ejecutivo en funciones. Este miércoles Mariano Rajoy se someterá a otra sesión de investidura después de ganar las elecciones repetidas el 26J, y todo parece indicar que el fin de semana será presidente con todos los poderes. Este martes, el candidato popular compareció en La Moncloa para anunciar que tras reunirse con el Rey ha decidido aceptar su encargo de formar Gobierno. Horas antes el presidente de la Gestora del PSOE, Javier Fernández, había garantizado a Don Felipe la abstención del PSOE en segunda votación en el Congreso para desbloquear la situación política que tantas críticas ha cosechado en la calle. Rajoy, además de los 137 votos del PP, contará con el apoyo de los 32 diputados de Ciudadanos y de la diputada de Coalición Canaria.

La designación del líder del PP como presidente del Gobierno no tiene vuelta atrás. Pero para llegar a esta solución, que ya parecía cantada a finales de diciembre tras el 20D, nuestro país ha tenido que soportar meses de incertidumbre y desencuentros políticos cargados de cerrazón, de sectarismo... y también la exasperante actitud de un líder socialista, Pedro Sánchez, que pese a perder las elecciones dos veces en seis meses (y cosechar peor resultado a cada cita con las urnas mientras el PP crecía en votos y aumentaba su distancia sobre el PSOE), se obcecó en no querer reconocer algo tan fundamental en democracia como es el juego de vencedores y vencidos, en el que son los ciudadanos con sus votos quienes colocan a cada fuerza en su sitio. Esa peligrosa deslegitimación del sistema, la «podemización» de las reglas políticas, ha llevado a que, en estas horas esperpénticas del socialismo, el partido que durante más años ha gobernado España haya saltado por los aires arrasado por sus contradicciones y demonios internos.

Como no podía ser de otra manera tras la designación del Rey, Rajoy ha asegurado que intentará formar un Gobierno «capaz, estable y duradero» que aporte estabilidad al país los próximos cuatro años. Sabe bien que pese a comenzar su última etapa política, España necesita certidumbre para asentar la recuperación que tanto esfuerzo y dolor ha costado. «Ni se me pasa por la cabeza plantear una disolución de las Cortes. Voy a intentar que la legislatura dure cuatro años»: así se expresó el líder popular.

Buscaba además salir al paso de la curiosa teoría puesta en marcha por los seguidores de Sánchez para negarse a apoyar la abstención, alegando que, una vez presidente, disolverá las Cortes en primavera para coger al PSOE fuera de juego y rematarlo. Ya se sabe: cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo.

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