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La honradez

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18 de septiembre de 2017. 09:57h

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Con el tiempo, y según voy conociendo más al ser humano, la honradez es una cualidad que estimo entre las primeras. Dice el diccionario que es rectitud de ánimo, integridad en el obrar. ¿No les parece algo primordial para que alguien pueda ser respetado? Porque hablar es sencillo y las palabras, ya saben, se las lleva el viento. Pero actuar de forma coherente con lo que uno dice es otro cantar. Por azares de la vida en los últimos años he conocido de refilón el mundillo de la política del tres al cuarto. Esa donde hombres y algunas mujeres juegan a mandar. Se erotizan de poder y visas. Se sienten algo. Algo que es efímero pero que engancha enormemente a la mayoría de los que lo prueban. La honradez, sin embargo, no puede ser fugaz y está en lo que se es. Algo que se ha ido gestando a través de genes, educación, resistencia y conciencia. No es fácil, no. Vivimos en un mundo corrompido. En un sistema que, como dice “Cambalache”, el tango de Gardel, hay falta de respeto, atropello a la razón. Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón... Y en un mundo así, la tentación es constante. Porque si no se valora la honradez, sino al contrario, para qué practicarla. Porque si no se prospera en la honradez para qué ejercerla. Para mí hay una razón de peso: la integridad en el obrar te da libertad e independencia, dos estados francamente gozosos. Y estoy convencida de que a la larga da también réditos al cuerpo y al alma. Si tienes lo suficiente para vivir, y no pones el dinero en primer lugar, ser honrado es un tesoro en la vida.

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