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El apunte de Francisco Marhuenda: La memoria de Xavier Trias

Tiempo de lectura 4 min.

08 de noviembre de 2017. 15:43h

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Francisco Marhuenda 7/11/2017

No voy a negar que es una suerte tener un padre rico y todavía más cuando es muy rico. Era conocido en Barcelona que los Trias eran gente acomodada. El padre del ex alcalde de Barcelona era un próspero empresario del sector farmacéutico que vendió la compañía a un multinacional. En cierta ocasión, Pujol me dijo “te has dado cuenta de que para ser alguien en Cataluña hay que llamarse Trias”. Se refería a Ramon Trias Fargas, Xavier Trias i Vidal de Llobatera y Pepe Trias de Bes.

Esas palabras me hicieron pensar en el profundo complejo que había sufrido desde niño, porque no pertenecía a la clase alta de Barcelona como si lo eran los Trias y otras familias tradicionales de la burguesía catalana. Es esa mezcla de admiración y rechazo que tienen siempre los nuevos ricos hacia aquellos que lo son de cuna. Pujol siempre mantuvo una relación compleja con ese tipo de personajes porque representaban lo que le hubiera gustado ser incluso físicamente, porque todos ellos tenían mejor presencia y relaciones sociales que él.

Es verdad que la deriva independentista de Trias me sorprendió y mucho. Me costaba entender qué había sucedido. Tuve la oportunidad de conocerle e incluso había una corriente de simpatía entre ambos. Era educado, culto y un buen médico que había abandonado la profesión no para ganar dinero sino por vocación de servicio público. Tenía una excelente relación con Mariano Rajoy y Jorge Fernández.

Cuando sonaba su nombre para ser candidato a la alcaldía recuerdo que hablando con el actual presidente del Gobierno comentamos que cómo no se le iba a apoyar con el perfil de moderación que tenía. Cuando desató aquel ataque injusto y desproporcionado, realmente disparatado, contra Fernández Díaz no entendí nada. Es ese momento descubrí que nada quedaba del Xavi Trias por el que tenía un afecto personal. El mejor representante del ala moderada de CDC no existía y se había convertido en un radical independentista, iracundo en las formas e injusto en sus comentarios.

Hay muchas cosas oscuras en el independentismo. Demasiadas. No solo las fortunas personales, como es el caso de Trias, sino el 3 por ciento y cómo los consejeros del gobierno de Pujol por lo visto no sabían nada. La enfermedad del olvido, por lo visto, afectaba a toda la clase política convergente. En Cataluña nos hemos acostumbrado a que todo sea normal. Unos medios de comunicación públicos y algunos privados que son meros órganos de partido, donde cabe todo. Una serie de periodistas que no hacen autocrítica y son fieles soldados al servicio de la cauda. Centenares de millones despilfarrados durante años. Las enormes subvenciones que recibían la ANC y Omnium Cultural así como otras asociaciones adictas al “proces”. Un gran número de periodistas y profesores universitarios defensores de la independencia, pero previo paso por caja. Y empresarios favorecidos por la generosidad sin límites del gobierno catalán a costa del erario público. Puigdemont y sus colaboradores están en Bélgica gastando a manos llenas, pero nadie sabe de dónde sale el dinero.

Es todo muy oscuro.

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