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La política condón

Tiempo de lectura 2 min.

01 de diciembre de 2016. 22:26h

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Pedro Narváez 1/12/2016

Sus señorías llegan con el preservativo puesto, no consuman de verdad, no vaya a ser que alguno o alguna se lleve un virus de más o de menos. Estamos en la fase del simulacro y la tontería. La primera sesión de control al Gobierno de verdad en realidad fue de mentira porque pareció un capítulo del extinto «Barrio Sésamo». Rufián con el condón en la boca, él sabrá porqué, banalizó el drama de una enfermedad que sigue llevando el estigma de los apestados. El sida no es un chiste, pero ahora llaman humor negro a la barbarie o simplemente lo que antes era una pelea de chiquillos revoltosos. Lo de Rufián más que una anécdota se convirtió en un síntoma de un Parlamento que juega a la fiesta del pijama o a darse masajes con final feliz. Con esta oposición puede estar tranquilo el Gobierno. Si lo que más eco tuvo fue el IVA de los condones, ya puede Montoro sacar la tijera y apretarnos las tuercas con más impuestos, pues con tantas ganas de exhibirse para nada, con tanta eyaculación precoz, lo importante se queda entre las sábanas. Como todos piden gastar tal que si estuviéramos en el «black friday» hay que sacar dinero de debajo de las piedras y Montoro es especialista en encontrar un euro en el desierto, para lo bueno y para lo malo. Pero después de la «petite morte», envueltos en la melancolía del pasado minuto, después de la orgía de disparates, podrían pensar mejor en qué nos gastamos el dinero que cada español aporta con su trabajo diario pasado el trauma del despertador. Las Comunidades Autónomas llegaron ayer para pedir. Los barones tienen que rendir cuentas en sus territorios, pero ninguno apeló a un recorte del gasto imbécil como los seis millones que ha colado Junqueras para hacer un referéndum ilegal. Y luego hablan de pobreza energética y otros adjetivos. Si no tiene usted para pagar la luz, cómo es que que se compra tantas bombillas ideológicas, me atrevo a preguntarme. Si no tiene para pan, por qué encarga una mariscada en los presupuestos. Al final, unos partidos porque no quieren y otros porque no pueden, la presión fiscal la pagarán los que se conforman con mortadela. Y encima tocará aguantar en unos días a los sindicatos vociferando ordeñar más las tetas del Estado. Así, la Legislatura dialogante puede acabar en un eterno cortejo erótico visto en estos días el continuo baile de los siete velos. Eso que llaman la mayoría silenciosa no quiere ni debe aportar más para que, es un poner, los profilácticos nos salgan gratis. Más que cumplir en la cama de los devaneos políticos hay que mantener alto el pabellón con Bruselas, que es lo que no entienden estas vestales del despilfarro. Y Montoro, que hará lo imposible para que le salgan las cuentas, no parece muy dispuesto a explicarlo. La mayoría de la Cámara no cree en los Reyes Magos, pero venga a pedir caramelos sin saber cómo se quita el envoltorio. El del condón, ellos sabrán.

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