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Las estrellas y los muertos

Tiempo de lectura 2 min.

21 de mayo de 2017. 20:29h

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Por mayo, a cientos de cadáveres del Hollywood fetén les vuelven a estrenar temporada en el enorme Cemetery Forever. Desde hace años, el público de Los Ángeles se congrega en hordas domingueras para ver cine al aire libre. Las películas se proyectan sobre los muros de este resort mortuorio en el que tienen plaza los restos de Cecil B. de Mille, John Huston o Rodolfo Valentino. Entre tumbas en las que se solazan varias docenas de pavos reales y cuidadores vestidos como ayudantes de un club de golf, el número 6.000 de Santa Mónica procura la sensación de un balneario con palmeras más que el recogimiento inquietante de un camposanto. De proceder a un inesperado levantamiento, los muertos se presentarían en bermudas y con un dry Martini. Cinespia, la empresa que organiza el ciclo al aire libre, ha solapado el mármol y la fama, forjando una insólita tradición que atrae a miles de personas. Llegan a la enorme cancela, sacan las tumbonas del todoterreno, los hotdogs y las fresqueras con el alcohol. Por seguridad, no están autorizadas las parrillas. Pero el desahogo norteamericano aprovecha la muerte como parte del entretenimiento. Hasta aquí es donde los californianos están dispuestos a llevar el negocio. El «sold out» ya está colgado para volver a ver, el próximo sábado, «Boogie Nights», la historia de una olvidada leyenda del porno primitivo y peludo. La siguiente película en proyectarse, «Con la muerte en los talones», nos deja a mano la célebre anécdota de su protagonista. Siendo un viejo, Cary Grant dio su nombre en la conserjería de un hotel de lujo y el registrador le respondió: «Usted no se le parece». A lo que él contestó: «En realidad, nadie se le parece». Las estrellas siguen vendiendo entradas mientras sus esqueletos humanos yacen irreconocibles en el subsuelo.

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