José María Marco

Los demonios

La Razón
La RazónLa Razón

La crisis del PSOE responde, qué duda cabe, a una crisis general de la representación política en los países desarrollados. El PSOE habrá de optar entre ser una fuerza de apoyo del sistema liberal democrático, como en Italia, o derivar hacia la confrontación antisistema, como los laboristas británicos. Eso sí, hay variantes propiamente nacionales en este dilema.

Está por ver si esa radicalización afecta a partes significativas de la sociedad o más en particular a los afiliados y simpatizantes del PSOE, lo que llamamos las bases. En nuestro país el proceso de descomposición fue tan rápido como lo está siendo el de recomposición y hoy en día no parece que ninguna fuerza radical esté en condiciones de ni siquiera aproximarse a la gobernación de España.

Otra variante nacional es la propia naturaleza del PSOE. En sus tiempos más «socialdemócratas», el PSOE abrazó algunos de los presupuestos de esta corriente sin abandonar el radicalismo. El modelo era el propuesto por Prieto, una Monarquía con hegemonía socialista. Así es como siguió contemplándose a sí mismo como único valedor de la democracia y al PP como una fuerza «franquista», residual, condenada por las leyes de la Historia. Todos los que no comulgábamos con el planteamiento socialista éramos, y me temo que seguimos siendo, unos fascistas.

El encierro en un concepto de la política como pura confrontación ha alejado al PSOE de la socialdemocracia europea. También explica muchas cosas: su incapacidad para conseguir una mayoría absoluta desde 1993 (23 años ya), los terribles hechos del 11 al 14 de marzo de 2004, encabezados por un acreditado «socialdemócrata» como Alfredo Pérez Rubalcaba, la deriva de los años de Rodríguez Zapatero... y la sublevación de Sánchez en nombre de una militancia y un electorado podemizado que –eso se dice– no aceptará nunca que el socialismo español pacte con el Partido Popular. Éste sigue siendo un apéndice del «franquismo» o, en términos más regeneracionistas –es decir, más eugenésicos y aún más siniestros– de lo «viejo», lo que antes se llamaba, con un poco más de hipocresía en el designio excluyente, lo rancio.

Ahora que el aparato socialista se ha decidido a plantar cara a los rebeldes, lo que se ha iniciado es una batalla contra los propios demonios. No hay ninguna razón, sin embargo, para esperar que de este enfrentamiento contra sí mismo salga un socialismo español socialdemócrata. Demasiado tarde.