Motril

Los rifeños como avanzadilla

La Razón
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Cientos de vecinos mahometanos están llegando en pateras a las costas de Motril y Tarifa tras una travesía cuya ruta no han olvidado. Común en los estertores del pasado siglo, el fenómeno de la inmigración marroquí había quedado olvidado durante dos o tres lustros. Pero este trozo de planeta es el que es –recalmón y sulfuroso– y la mecha prende en el instante menos esperado. Así está sucediendo en el Rif, nuevamente convertido en polvorín. Sus ciudadanos, enfrentados a la administración en una primavera rifeña ya estival, han sustituido a los subsaharianos como principal población llegada a España desde la otra orilla de esta laguna cenagosa y reconcentrada que es el Mediterráneo. A cuatro años de cumplirse el centenario del Desastre de Annual, la comarca de Alhucemas, limítrofe con Melilla, se deshilacha entre protestas callejeras y cargas policiales. El detonante, sólo la chispa, fue el abuso administrativo hasta la muerte contra un comerciante anónimo; el caldo de cultivo, no obstante, procede de una región de oriundos levantiscos, la rifeña, demasiado alejada de la corte alauita. Las escasas noticias provenientes de la zona señalan una situación poco tranquilizadora. Mientras, en la otra orilla, los andaluces ya piensan en las vacaciones y en con quién dejarán esta vez a los niños y a las mascotas. (Caerán otra vez los abuelos.) España anda entera buscando cremas solares y un hospedaje un euro más barato que el vecino, confiada de que sus representantes políticos sí estarán haciendo números sobre la forma de ordenar la siguiente oleada de inmigrantes por llegar. La peor de la crisis dicen que ha pasado. Los migrantes, que están al tanto de las noticias, volverán a divisar España como una tierra de oportunidades. El reto está por delante.