Restringido

Los tiempos de Rajoy

La Razón
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A César Luena le gusta ceñirse a los números. En un aparentemente lejano 23 de diciembre, sólo tres días después de las generales, vio la paja en el ojo ajeno y comentó en privado su convencimiento de que los resultados de las urnas provocarían en el PP una grave crisis. Para sorpresa de sus interlocutores, según detallan, aquel no fue el más atrevido de sus vaticinios. El secretario de Organización del PSOE consideró ya entonces como probable la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa.

Y en ello anda su líder, a quien nadie podrá negar capacidad para construir enunciados y ofrecer la imagen de que no depende de nadie. Pero ésta es su piedra de toque. Dicho de otra manera: no basta con buenos propósitos. Si realmente Sánchez pretende alcanzar La Moncloa, tiene un problema. Y no es menor: no puede gobernar sin el acuerdo de tres partidos. Una simple suma.

El PSOE y Ciudadanos reúnen sólo 130 votos, muy lejos de los 176 de la mayoría absoluta. Necesita «como agua de mayo» del voto favorable o, al menos, la abstención del PP (123) o de Podemos (69). Y, como dice el refrán, contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Con el Congreso convertido en enorme plató de televisión, con pasillos repletos de periodistas y políticos, el diputado morado Íñigo Errejón se desgañita repitiendo off the record: «Si hay acuerdo con C’s, Sánchez sólo pisará La Moncloa de visita».

Ahora bien, según me cuentan, Errejón sí le reconoce a Pedro Sánchez una envidiable capacidad de supervivencia. «Cada día le sirve para afianzar su imagen presidencialista ante la opinión pública». En la otra acera, la del PP, Rafael Hernando, muy activo en función de su responsabilidad parlamentaria, pide a los periodistas que busquen un solo precedente en el que el partido mayoritario deje vía libre a su rival en una sesión de investidura. No lo hay. Una cosa es que Mariano Rajoy le haya cedido protagonismo a Sánchez y otra es que renuncie al papel que le han encargado los ciudadanos, que es el de gobernar.

Las insistentes demandas del partido naranja al PP para que haga posible la ambición del socialista tienen pocos visos de hacerse realidad en el actual escenario. Rajoy se lo ha dejado muy claro a Rivera este jueves mirándole a los ojos. De hecho, el desarrollo de los acontecimientos en estos días confirma al Partido Popular en que Pedro Sánchez llegará al hemiciclo únicamente con el apoyo de sus 90 diputados. Y, claro, perder la investidura va a dejar al líder del PSOE en una situación política muy delicada. Desde el bando interno contrario se señala además que, en tal supuesto, Susana Díaz tiene decidido dar el paso para arrebatarle la secretaría general. Entonces, Rajoy, que sabe aguantar como pocos en política, agitará la «Gran Coalición» entre PP, PSOE y Ciudadanos bajo su presidencia. O eso... o nuevas elecciones.

Así lo explican círculos cercanos al presidente del Gobierno. Que tampoco dudan de que Sánchez tratará de presentarse, no ya ante el Comité Federal de su partido, sino ante su militancia, como la «solución» ante un PP inmovilista que se desangra en los juzgados y un Podemos antisistema que busca engullir al socialismo. En política siempre se juega con cartas marcadas. Si bien Pedro Sánchez yerra (tal vez) por emperrarse tanto en solventar la investidura sin ver el largo recorrido que representa esta legislatura tan excepcional.