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Los tulipanes digitales

La Razón
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Un parásito fue el causante del primer proceso especulativo que ha sido documentado convenientemente. En efecto, hoy se sabe que era un pulgón que atacaba los tulipanes en los Países Bajos, dando lugar a colores y formas tan exóticas como deseadas.

Los precios de los bulbos de tulipán se dispararon. En 1635 se vendieron 40 bulbos por 100.000 florines, cuando el precio de un cerdo oscilaba entre 50 y 70 florines. La burbuja especulativa duró algunos años, el 5 de febrero de 1637 se vendieron 99 tulipanes de gran belleza por 90.000 florines, pero fue la última gran venta de tulipanes.

Un día después, no se encontró comprador para un lote de medio kilo de bulbos por 1.250 florines. Toda burbuja termina reventando y deja damnificados a su paso.

Fue en el último cuarto del siglo XX que el dinero que producen los bancos centrales dejó de estar respaldado por dólares y metales preciosos, se trata de «dinero fiduciario», es decir, basado en la confianza.

Sin duda, la propuesta más radical de Friedrich Hayek, precursor de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, fue la desnacionalización del dinero. Para él, el mercado libre de obstáculos públicos proporcionaría la cantidad óptima de productos monetarios.

Su argumento principal residía en que la competencia en el «sector del dinero fiduciario» llevaría a que las monedas privadas serían mucho más estables en su poder adquisitivo, serían más difíciles de falsificar y estarían disponibles en denominaciones mucho más apropiadas.

Lo que no estaba en la cabeza de Hayek era que su teoría tomase visos de realidad unas pocas décadas después de su formulación.

Las criptomonedas y, en concreto, el Bitcoin, están levantando una importante controversia, ¿se trata de una nueva burbuja o es la producción de dinero privado profetizada por la escuela austriaca?

Se trata de una moneda que es generada por ordenador de forma descentralizada y privada. No la respalda ningún banco central y no se basa en absolutamente nada, tan sólo en la voluntad de sus tenedores de realizar compras con ella y de los vendedores de aceptarla como medio de pago.

Su entramado técnico es complejo y se podría decir que la producción de nueva moneda lleva aparejado un serio trabajo matemático informativo detrás, goza de sus propios mecanismos de verificación de las operaciones y tiene muchos detractores que avisan de su riesgo y vulnerabilidad y arduos defensores que aseguran que es la liberación frente a un Estado que cobra impuestos y limita libertad.

Algunas empresas aceptan el Bitcoin como forma de pago, entre ellas está el gigante Microsoft. A partir de este mes de diciembre, la criptomoneda empezará a cotizar en el Merc o Mercado de Futuros de Chicago. Habrá bancos, como el holandés ABN AMRO y el estadounidense Goldman Sachs, que ofrecerán Bitcoins a sus clientes, dependiendo de que lo soliciten.

El mundo cambia más deprisa de lo que las leyes o las instituciones pueden hacerlo. Lo cierto es que el avance de las criptomonedas puede generar desequilibrios financieros y limbos fiscales. Existen ya empresas digitales que han creado jurisdicciones virtuales, como ICO de Aragon, cuyo CEO afirmó en una entrevista a un medio de comunicación: «Queremos hacer del mundo entero un paraíso fiscal como Dios manda».

Las criptomonedas pueden ser parte de la oferta monetaria en el futuro, pero, para ello, necesitan el respaldo de la autoridad monetaria y no es el caso de los modelos actuales. A día de hoy se le atribuye un valor ligeramente superior a los 15.000 dólares por unidad, la semana pasada ha subido un 40%. Experimentos liberales al margen, esto recuerda a los bulbos de tulipán.