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Marica el último

Tiempo de lectura 4 min.

15 de julio de 2017. 22:26h

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Hay muchas novelas y películas que especulan acerca del precio de un hombre. Y, al revés, el amor –tan difícil de medir, por otra parte– se aquilata de forma inversamente proporcional al dinero. Por ejemplo, es fácil imaginar que el afecto de Madre Teresa por sus pobres era grande, puesto que grande fue su renuncia material por ellos. Por el contrario, solemos dudar de la intensidad del cariño de una persona joven y guapa que se une a un anciano decrépito, pero rico. De la importancia del dinero da idea el número de matrimonios que, en la separación, pleitea por el patrimonio: roto el amor, desaparece la generosidad y se acrecientan las avideces pecuniarias.

La fe en una causa está muy relacionada con nuestra disposición a invertir en ella. Por eso se cobra cuota en un club o matrícula al iniciar unos estudios, para asegurarse cierta continuidad. Por eso se pasa el cestillo en la Iglesia. ¿Qué sinceridad puede tener quien mantiene la bolsa a recaudo? Muchos negocios concertados en una mesa opípara se quedan en el aire a la hora exacta de desembolsar las participaciones. Muchos ofrecimientos de ayuda se detienen cuando llama el deudo pidiendo dinero. Muchos parentescos entusiastas se deslindan precisamente ante el hito monetario.

Por esa misma razón, una causa tan apasionada como la del independentismo catalán debe tener su justa medida en la faltriquera. Quien de verdad ame la «Catalunya Lliure» ha de estar dispuesto a dejarse los doblones. Y hete aquí que llevamos unas semanas detectando recelo, desgana, miramiento en este sentido. Primero fue el consejero Jordi Baiget i Cantons, encargado en el Gobierno de Puigdemont de la cartera de Empresa y Conocimiento. Tal vez por ser experto en dineros, declaró en entrevista a «El Punt-Avui»: «¿Ir a la cárcel? Podría aguantar ir a la cárcel (por el procés), pero no que vayan contra el patrimonio; pensemos en la familia... nuestras decisiones pueden afectar a nuestras familias». ¿Pensó Mandela en el patrimonio? ¿Y Luther King? Poca fe independentista demuestran estos comentarios.

De nuevo se ha planteado la racanería cuando Puigdemont ha señalado a su vicepresidente, Oriol Junqueras, como posible máximo responsable del referéndum ilegal. El de Esquerra ha condicionado el encargo a la extensión de la responsabilidad a los consejeros del PDeCat, pero éstos han exigido que no se viese comprometido su patrimonio. Cuando se trata de la «colectivización» de los riegos monetarios, los socios se rajan. Poca fe se ve ahí. Es fácil disparar con pólvora del Rey, pero gastar munición propia te hace más cicatero. El procés se ha topado con la pela y ahí no hay idealismo ya. Hasta ahora se pagaba con dinero del contribuyente: propaganda, kioskos de las calles, embajadores, aparato legislativo, viajes, sueldos. Pero ahora hay que plantearse pagar multas fuertes. Y se oyen voces de fondo entre los que huyen: «Marica el último». Los de la CUP no temen gran cosa porque se pueden declarar insolventes. Ni han trabajado ni cobrado gran cosa. Pero el seny de los que han ahorrado parece reñido con el idealismo.

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