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Metacrilato

Tiempo de lectura 2 min.

19 de julio de 2017. 23:53h

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El metacrilato es ya el material del que está hecha la incomunicación. Cantaba Kiko Veneno que es el «muro de metacrilato que no nos deja olernos ni manosearnos». Es un material terco y duro que lo mismo te permite construir el mango de un sacacorchos con conchas de mar atrapadas, recuerdo de Cádiz, que se convierte en argumento político. El Gobierno catalán ha hecho del metacrilato su obsesión. El polímero convertido en metáfora política. En esas tareas que se imponen cada día para ir salvando el «procés» la última es la compra opaca de urnas transparentes. Saben que no pueden tirar del presupuesto, saben que el que vaya al mercado va a ser asaltado por el Constitucional, saben que quien lo intentó la primera vez está siendo investigado, saben que la realidad no es como ellos quieren que sea, saben que están atrapados en metacrilato y que la única oportunidad antes de que solidifique esa tumba política es que salgan, al menos, con una sonrisa y no con ese aire vinagre con el que últimamente comparecen. Por eso solo amagan, mantienen sus bolis caídos. Se miran, aparecen juntos jugando al corro, pero han aprendido a silbar cuando se les pregunta por lo concreto. Mantienen el espíritu creativo y el nuevo portavoz Turull ha disfrazado el miedo y sus turbios manejos con un concepto huero como es el «itinerario». Ahora todo es «itinerario», pero solo nos contarán los procedimientos cuando lleguen al final. No solo han dividido, también hay que dar por muertos el rigor administrativo y la transparencia. Reducir al ridículo el relato de lo que está sucediendo en Cataluña, dando garrote al «seny», no alcanza para la descripción completa de una operación personal disfrazada de operación política a la que quedan sus capítulos más esperpénticos. La cuestión es qué pasará cuando se baje el telón, cuando la población asuma que esta «guerra de los mundos» también ha sido una ficción. Cuando se ha prometido el paraíso con todos sus avíos, momificado en metacrilato, y descubres que después del 1-0, llega el 2-0 y que te van a colar 31 goles solo queda la frustración y la desafección. La ruptura de la convivencia, la quiebra de los espacios políticos y el relato de odio tienen unos responsables, los que se han colocado al otro lado del muro de metacrilato.

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