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Mosen Armengou

Tiempo de lectura 4 min.

30 de julio de 2016. 22:09h

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Mosén Josep Armengou i Feliu fue un sacerdote, escritor y músico, conocido popularmente como «Mossèn Cametes» («piernecitas», así le llamaban por ser bajito). Nacido en 1910 en Berga y fallecido en la misma ciudad en 1976, enterrado en loor de multitudes y elevado a los altares de la nueva religión que triunfaba en la incipiente Catalunya pujolista: el nacionalismo. Hijo de un conocido y popular sastre, ingresó en el seminario de Solsona donde inició una fecunda labor de propagador de la fe católica y de la religión nacionalista. Destacado en su labor pastoral a través de la «Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña», el inicio de la guerra civil de 1936 obligó al joven sacerdote a huir a la zona llamada «nacional» perseguido por los «escamots» de asesinos que teñían de sangre las carreteras catalanas y se integró en el ejército nacional como «páter» en una bandera falangista de voluntarios canarios. Enfrentado y disconforme con el régimen franquista por la persecución ejercida a la lengua catalana, en 1958 escribió su obra más conocida «Justificació de Catalunya», líbelo ampliamente difundido de forma clandestina entre el clero nacionalista y otros exaltados y proclamado como el libro de cabecera del nacionalismo cristiano, el personaje acabó defendiendo la «lluita armada», que es el eufemismo nacionalista de «terrorismo».

El libro del sacerdote fue editado en 1995 con cargo a la Generalitat que a la sazón presidía Jordi Pujol, que confesó que era su libro de cabecera y guía político-espiritual y al que dedicó un prólogo. «Su lectura me produjo una fuerte impresión (...) Es una obra apasionada alejada de las elucubraciones universitarias y de los compromisos de los políticos. Es una obra escrita con una gran visión de futuro, con una firme voluntad de revisar nuestro pasado para entender el presente y construir un futuro mejor». Efectivamente, la obra apasionante del sacerdote discurre en estos términos revisionistas sobre la relación entre castellanos y catalanes: «La tragedia más grande se produce cuando el pueblo dominador es un pueblo atrasado, vago, fanático y militarista, y el pueblo colonizado es un pueblo culto, trabajador, progresivo y pacífico, como en el caso de Cataluña» (p.51), o bien «advertimos que quien se ha domiciliado en Cataluña y no quiere entender el catalán es un enemigo que no merece otro trato que el de enemigo». Esta es la base ideológica de los secuaces del pujolismo que quieren construir el futuro de una Cataluña separada de España, hoy encarnados en Puigdemont, Homs y los diputados que en el Parlamento de Cataluña vulneran la legalidad y cuya amenaza secesionista debe tratarse de forma contundente por parte del Estado español. En 1837 la Expedición Real conquistó Berga y la convirtió en la capital del carlismo catalán. En julio de 1838 el Conde de España empezó a sembrar el terror en la capital y su comarca, hasta que fue asesinado por sus propios partidarios. Hoy en Berga es la capital del separatismo, escenario de la fiesta medieval de la Patum –patrimonio de la humanidad–, gobernada por el grupo radical CUP (los jóvenes bárbaros herederos de la ideología del odio y cuya alcaldesa es conocida como la «madriles», por ser de Madrid su familia), y como si fuesen los tiempos del «Conde de España» amenazan con una nueva inquisición. El recuerdo de Mosén Armengou va a ser eliminado de las calles de Berga, no por españolista, sino por cristiano. Este es el futuro mejor que nos regala el nacionalismo.

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